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A palos con el bus de Google


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David G. Ortiz

Periodista 'geek'. Cofundador de HojaDeRouter.com. Escribo sobre tecnología en TecnoXplora (Antena3.com). Antes pasé por lainformacion.com y los micrófonos de la Cadena SER. Firme defensor de que dormir está sobrevalorado.


Escrito el 27 de mayo de 2013 a las 11:19 | Clasificado en Tecnología

Autobuses de lujo llevan cada mañana a los empleados de Google, Apple, Facebook y Twitter a sus puestos de trabajo en Silicon Valley. Atrás dejan San Francisco, que se ha convertido en el hogar de cientos de nuevos ricos atraídos por la cultura y la vida nocturna de la ciudad. Mientras tanto, los vecinos de toda la vida luchan por sobrevivir a unos alquileres cada vez más altos y un nivel de vida al que no logran hacer frente.

Uno de los manifestantes golpea la piñata del autobús de Google (Foto: PinkXEdge en Twitter)
Uno de los manifestantes golpea la piñata del autobús de Google (Foto: PinkXEdge en Twitter)

A principios de mayo, varias decenas de ciudadanos de un pequeño barrio de San Francisco llamado La Misión se dan cita en una de las calles más marginales de la zona. En el centro, la maqueta de un autobús colgada de una cuerda atada a un palo. A su lado, un joven con pantalones caqui y chupa de cuero empuña una vara. Los vecinos gritan mientras el joven golpea la improvisada piñata hasta que llega la Policía y disuelve la concentración.

Esto es todo lo que cualquiera de nosotros, si por casualidad hubiera pasado por delante, hubiera sacado en claro de esta escena. No hubiéramos sabido que la maqueta representaba uno de los autobuses que cada mañana llevan a los empleados de Google hasta su puesto de trabajo en Mountain View. Tampoco hubiéramos adivinado que protestaban por el insoportable aumento del precio de los alquileres, el desalojo de cientos de inquilinos, la segregación y el encarecimiento de la vida en San Francisco.

Tal vez hubiera sido la primera vez que escuchásemos la palabra inglesa ‘gentrification’. Gentrificación, en español, también existe, pero a nosotros nos resulta más sencillo hablar de aburguesamiento. Sucede cuando la población de un sector pobre y deteriorado de una ciudad es progresivamente desplazada por burgueses (o gentiles, que de ahí viene la palabra) con mayor poder adquisitivo, que se sienten atraídos por lo cerca que esa zona está del centro de la ciudad o de su lugar de trabajo.

La Misión está cerca – al lado – del centro de San Francisco, y relativamente cerca de Silicon Valley. Allí es donde empieza nuestra historia.

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La ‘meca’ de la tecnología

Silicon Valley es la capital del S.XXI, la cuna de la tecnología y el epicentro de la innovación mundial. Todos los calificativos se quedan cortos para este territorio californiano (ni ciudad ni estado) que ha visto nacer a Apple, Google, Facebook, Twitter y todos los demás protagonistas de la revolución tecnológica. Miles de millones de dólares pasan cada día por allí, aunque sea virtualmente, antes de cambiar de manos.

Alrededor de las principales ciudades del valle (Cupertino, San José, Mountain View, Palo Alto, Menlo Park, etc.) un confortable extrarradio ha dado cobijo durante años a los trabajadores de algunas de las empresas más valiosas del mundo. Sin embargo, los ‘silis’, los nuevos ricos del 2.0, se están cansando de vivir en urbes aburridas y estériles. De un tiempo a esta parte han empezado a buscar en el norte, en San Francisco, una vida algo más ajetreada.

Para ellos, la ciudad que vio nacer los movimientos hippies, gays y ecologistas en la segunda mitad del S.XX es un paraíso lleno de emociones. En un mismo fin de semana, la oferta de ocio puede ir desde la cultureta y tranquila inauguración de un nuevo establecimiento, pasando por un moderno y multitudinario festival de música en cualquiera de los famosísimos parques de la ciudad, hasta la ostentosa fiesta que la última ‘app’ para compartir vídeos ofrece en una discoteca de tres plantas en el centro.

Y el lunes, con las pilas cargadas, de vuelta al trabajo. El viaje es de una hora, pero abordo de los lujosos autobuses que fletan los gigantes de la tecnología ni se enteran. A la élite de Silicon Valley no le falta de nada. Wi-fi, aire acondicionado, asientos tan grandes que cabrían dos personas sin apretujarse… Por dentro son como un hotel de cinco estrellas, aunque por fuera traten de guardar las formas. Habitualmente no lucen distintivos ni carteles, suelen ser completamente blancos o negros, y sus cristales están tintados para que los pasajeros no tengan que preocuparse de las miradas provenientes del exterior.

Su destino son ciudades en miniatura donde, además de trabajar, podrán disfrutar de comedores de cinco tenedores, mesas de ping-pong, fuentes de lacasitos, peluqueros y masajistas.

¿Y qué tiene todo esto de malo?

Para ellos, evidentemente, nada. Para los sanfranciscanos de toda la vida, muchos de ellos de clase obrera o descendientes de inmigrantes hispanos, prácticamente todo. Los ‘yuppies’ de Silicon Valley, como ellos les llaman, han disparado los precios de la vivienda y el nivel de vida de barrios tradicionalmente pobres como La Misión, SoMa o Potrero Hill. Son muchos los que no han podido permitírselo y han tenido que hacer las maletas. Otros sobreviven como pueden, pero empiezan a estar asfixiados.

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Para una familia de cuatro personas, cubrir tan solo las necesidades básicas (alquiler, comida, cuidado de los hijos y transporte) cuesta unos 90.000 dólares al año, según el Insight Center for Communiy Economic Development de San Francisco.

El precio medio de la vivienda en San Francisco se disparó un 15% hasta los 750.000 dólares el pasado año. El de los alquileres, tres cuartos de lo mismo: un aumento del 12,9% hasta los 2.734 dólares mensuales. Y los expertos esperan para este año que el incremento se acelere.

“Llevo más de 30 años en este oficio y nunca había visto alquileres como estos”, afirma Delene Wolf, directora ejecutiva del Consejo para la Estabilización de los Alquileres de San Francisco, en declaraciones para SFGate. “Mi conjetura es que los autobuses de Google están alimentándolo. La demografía entera ha cambiado. No dejo de pensar cómo se sienten esas personas que están en el peldaño más bajo de la escala económica”.

La última esperanza de muchos sanfranciscanos son los alquileres de renta controlada, cuyo precio está fijado en cifras asequibles y no se puede tocar. Pero ni siquiera los afortunados que gozan de uno de estos alquileres pueden dormir tranquilos, porque los propietarios están echando mano de una ley estatal, el Acta Ellis, para saltarse las restricciones y echar a sus inquilinos. Este tipo de desalojos se han triplicado en los últimos meses, según Ted Gullickson, director de la Unión de Inquilinos de San Francisco.

El epicentro de esta revolución demográfica es sin duda La Misión, el barrio donde tenían lugar las protestas con las que comenzábamos este artículo y donde Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, vive desde mediados del pasado octubre.

Restaurantes modernos brotando como setas por todas partes, grúas y vehículos de construcción en cada esquina, viejos edificios que son reconvertidos y pasan a engrosar el nuevo y siempre insuficiente mercado inmobiliario, carril bici… Lo que antes era un distrito de mala muerte, profundamente herido por la lacra de la violencia, ahora es el sueño de todo nuevo rico. Sandy Cuadra, una vecina que lleva mucho tiempo en el barrio, lo resume en una sola frase para el Guardian: “Antes oía hablar de una pelea aquí o allá, ahora es que si el iPod esto o Google lo otro”.

Veamos la parte positiva

Los defensores de esta nueva ola, entre ellos la clase política, también tienen sus argumentos. “Estáis trayendo vida y resurgimiento a nuestra ciudad y la estáis haciendo fuerte”, dijo el alcalde de San Francisco, Ed Lee, a los ‘geeks’ que le escuchaban desde el auditorio en una entrega de premios de TechCrunch.

Hasta la llegada de Lee, que se presentó a las elecciones con el sello de aprobación de los gigantes de Silicon Valley, el gobierno de la ciudad se había mostrado más hostil que acogedor con los recién llegados. Bajo su mandato, la estrategia ha dado un giro de 180 grados y numerosas empresas tecnológicas están abriendo sede o directamente situando su cuartel general en San Francisco. Twitter, Yammer o Dolby son buenos ejemplos de ello.

Y la parte positiva es que no vienen solas. Por cada nuevo trabajo que se crea en la industria de la tecnología, cuatro nuevos empleos nacen en otros sectores, según el Bay Area Council Economic Institute. Además, el déficit de las arcas públicas de la ciudad es la cuarta parte del que era hace cuatro años, según los datos del Ayuntamiento. Y eso ha permitido mejorar los servicios públicos para los sintecho, la infancia o los jóvenes en riesgo de exclusión.

Todo esto, sin dejar de ser cierto, no es suficiente para los más críticos. Sara Shortt, máxima responsable del Comité de Derechos de la Vivienda, afirma que los puestos de trabajo de nueva creación son “exactamente el tipo de empleos que no permiten sobrevivir a las familias con el precio actual de los alquileres”. Son mayoritariamente puestos mal remunerados, “al servicio de los trabajadores de las tecnológicas”.

¿En qué quedamos?

Quedamos en que uno de cada cinco estadounidenses con un patrimonio neto por encima de los 30 millones de dólares vive en San Francisco, según datos de WealthX. Quedamos en que la universidad de Standford, en Palo Alto, tiene 1.173 alumnos que superan esa cifra, solo por detrás de Harvard y la Universidad de Pennsylvania. Y quedamos también en que hay más de 1.826 empresas dedicadas a la tecnología en San Francisco y que cada año se crean un 30% más de empleos relacionados con esta industria.

La realidad es la que es y cada cual la vive desde su propio punto de vista. Lo que para la ciudad y sus gobernantes es un florecer que no se recuerda desde los tiempos de la burbuja ‘puntocom’, para los ciudadanos de clase baja es una invasión de ‘yuppies’ abordo de autobuses de lujo que elevan el coste de la vida y acaban por echarlos de sus casas. “Los sanfranciscanos están resentidos por la falta de civismo y sentimiento de comunidad de la industria tecnológica, y el autobús de Google nos lo recuerda cada día”, rezaba el editorial que el San Francisco Chronicle dedicaba hace unas semanas al asunto.

Su titular, que bien podría imprimirse en las pancartas del movimiento ‘antigentrificación’, lo dice todo: “¿Por qué somos invisibles para los pasajeros del autobús de Google?”. La polémica está servida.

 

Los votantes dicen...
  1. […] cada vez más altos y un nivel de vida al que no logran hacer frente. Via (y más desarrollado en) sesiondecontrol.com/ocio/tecnologia/a-palos-con-el-autobus-de-google/ etiquetas: google, twitter, bus, apple, facebook, san francisco, vivienda, precio […]

  2. JF dice:

    Este es uno de los problemas que señala Saskia Sassen respecto a las ciudades globales. San Francisco, como nodo de intercambio de flujos financieros y de información, es una ciudad global en la que el aumento de la desigualdad y la polarización de la sociedad irán en aumento. Son las llamadas contrageografías de la globalización: para que una pequeña parte representada por esta nueva clase social pueda mantener sus ritmos de vida, un gran número de ciudadanos tienen que cobrar salarios bajos y dedicarse a la economía informal que sustenta las actividades de los primeros. Es positivo que por cada puesto de trabajo en la tecnología se creen otros cuatro, pero ¿con qué calidad?, ¿en qué condiciones?,¿con qué derechos?

  3. […] Autobuses de lujo llevan cada mañana a los empleados de Google, Apple, Facebook y Twitter a sus puestos de trabajo en Silicon Valley. Atrás dejan San Francisco, que se ha convertido en el hogar de cientos de nuevos ricos atraídos por la cultura y la vida nocturna de la ciudad. Mientras tanto, los vecinos de toda la vida luchan por sobrevivir a unos alquileres cada vez más altos y un nivel de vida al que no logran hacer frente. Via (y más desarrollado en) sesiondecontrol.com/ocio/tecnologia/a-palos-con-el-autobus-de-google/ […]

  4. […] La gentrificación es esto: San Francisco contra Google (SesiónDeControl.com) […]

  5. […] Como parte del acuerdo entre Facebook y la ciudad, 15 unidades de las 394 que se construirán se reservarán para inquilinos con pocos ingresos y tendrán un precio de alquiler menor. De esta forma se contrarresta (mínimamente) la subida de hasta un 24% que sufrieron en el cuarto trimestre de 2012 los precios inmobiliarios en Silicon Valley y San Francisco, algo que tiene más que preocupados a los vecinos de la zona. […]

  6. […] A palos con el bus de Google (David G. […]

  7. […] la bahía de San Francisco, en California. No obstante, desde hace un tiempo se viene hablando de la gentrificación que se vive en algunos puntos de esta zona: los empleados de las grandes compañías han buscado vivienda en las ciudades de alrededor de […]

  8. […] la bahía de San Francisco, en California. No obstante, desde hace un tiempo se viene hablando de la gentrificación que se vive en algunos puntos de esta zona: los empleados de las grandes compañías han buscado vivienda en las ciudades del valle y sus […]

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