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Algoritmos con placa y pistola


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David G. Ortiz

Periodista 'geek'. Cofundador de HojaDeRouter.com. Escribo sobre tecnología en TecnoXplora (Antena3.com). Antes pasé por lainformacion.com y los micrófonos de la Cadena SER. Firme defensor de que dormir está sobrevalorado.


Escrito el 17 de marzo de 2013 a las 17:42 | Clasificado en Tecnología

El ‘software’ para predecir crímenes está de moda, pero no es el único capote que la tecnología ha echado a las fuerzas del orden. ¿Quieres saber qué herramientas usan? Ya no hace falta que pases por comisaría.

Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York (centro); Raymond Kelly, comisionado de la Policía de Nueva York (izquierda) y el vicepresidente de Microsoft para América, Mike McDuffie (derecha), presentan un sistema para prevenir el crimen. (Foto: Microsoft)
Michael Bloomberg, alcalde de Nueva York (centro); Raymond Kelly, comisionado de la Policía de Nueva York (izquierda) y el vicepresidente de Microsoft para América, Mike McDuffie (derecha), presentan un sistema para prevenir el crimen. (Foto: Microsoft)

Homicidas novatos que buscan en Google cómo perpetrar sus crímenes, asesinos en serie que compran armas y munición a través de internet, fanáticos y extremistas que encuentran en la Red compinches para sus cruzadas supremacistas… Las nuevas tecnologías también han democratizado la delincuencia. A los maleantes de poca monta se suman los Anders Breivik, James Holmes y Adam Lanza que, sin conocimientos previos, bebiendo del inagotable manantial de recursos que les brinda el progreso, organizan auténticas masacres que nos sobrecogen y nos hacen sentir impotentes.

Algunas de esas muertes se podrían haber evitado, como podrían evitarse otros muchos delitos , desde asaltos, robos o violaciones hasta el terrorismo, pasando por desagradables lacras como la pornografía infantil que deben ser erradicadas. La tecnología también está del lado de los buenos. Cámaras de vigilancia, micrófonos, seguimiento GPS, lectores de matrículas… Hay decenas de herramientas que ya se están utilizando. El objetivo debe ser que el que la haga, la pague.

Pero no basta con quedarse ahí. La clave es anticiparse y, para eso, la tecnología tiene también un as en la manga. El ‘software’ de predicción del crimen comenzó a popularizarse tras los atentados del 11 de septiembre y la guerra contra el terror de Bush. Por aquel entonces, la atemorizada ciudadanía estadounidense estaba dispuesta a cambiar su libertad por seguridad. Nacieron sistemas para monitorizar la actividad de las personas cada vez más invasivos y se abrió el debate: ¿dónde está el punto medio entre los derechos constitucionales y la prevención del crimen?

Ahora que la sombra de las torres gemelas es algo más difusa, están volviendo a ponerse de moda las tecnologías de apoyo a la labor policial. Hay de todo. Además, el auge de las redes sociales y los dispositivos móviles han aumentado el alcance de las amenazas y, en paralelo, las alternativas para combatirlas. El ‘big data’ y la minería de datos permiten analizar volúmenes ingentes de información en busca de patrones de comportamiento criminal.

Pero, al mismo tiempo, al eterno dilema de la privacidad se suman otros interrogantes. ¿Qué pasa si Facebook cree, en base a nuestros mensajes, que tenemos madera de convictos? ¿Y si avisa a la Policía de que planeamos cometer un delito? Podría no ser cierto. El algoritmo podría haberse equivocado y nosotros seríamos sus víctimas. Aunque finalmente nos declarasen inocentes, tardaríamos años en limpiar nuestra reputación.

Instituciones, autoridades y fuerzas del orden deben tener en cuenta todo esto a la hora de abordar estrategias para prevenir y combatir el crimen con la ayuda de las nuevas tecnologías. Hay que aprender de los errores y tratar de repetir los aciertos. Y como en los últimos años hemos visto de todo, bueno y malo, nosotros hemos querido hacer nuestro particular balance.

ShotSpotter

“Si aprietas el gatillo, estamos en camino”. Es el mensaje que la policía de ciudades como Washington o Boston está enviando a todo propietario de un arma con la tentación de delinquir, gracias a una tecnología relativamente nueva conocida como ShotSpotter. En primer lugar, una red de micrófonos estratégicamente distribuida por toda la ciudad se encarga de registrar el sonido, que es analizado por el ‘software’ de forma automática en busca de posibles disparos. Si detecta algo, la Policía será la primera en saberlo.

Entonces entran en juego las cámaras de vigilancia. En comisaría recurren a las más cercanas al lugar de los hechos para tratar de localizar al sospechoso antes de que se dé a la fuga. Si todo sale bien, la unidad que se ha desplazado hasta allí irá ‘a tiro hecho’, nunca mejor dicho. Sabrá que se han producido disparos y tendrá identificados a los autores. El presunto criminal tendrá muy complicado irse de rositas. Y todo esto sin necesidad de que los vecinos hayan llamado al 911, algo que se produce en menos del 20% de los casos.

Este sistema, que ya a mediados de 2012 estaba implantado en más de 70 ciudades estadounidenses, ha contribuido a practicar un buen número de detenciones y ha sido admitido como prueba en diversos juicios. Sin embargo, no todo es luminoso y su utilización sigue arrojando sombras en al menos dos direcciones: la amenaza a la privacidad de los ciudadanos y el riesgo de falsos positivos.

PredPol

Es la bola de cristal más utilizada por las autoridades estadounidenses para predecir el crimen. Y, al parecer, acierta bastante a menudo. Este ‘software’ está detrás de la reducción del 13% en las actividades criminales de Foothill (Los Angeles) y del descenso del 30% en los robos en viviendas de la ciudad de Santa Cruz (California), según sus respectivos departamentos policiales. Y no son ni de lejos los únicos territorios que ‘ciberpatrulla’.

El programa funciona a base de algoritmos, complejos modelos matemáticos desarrollados por investigadores de las universidades de Santa Clara y Los Angeles (UCLA) a partir de los que se utilizan para prevenir terremotos. PredPol analiza estadísticas, lugares y horarios en los que se han cometido delitos previos, los cruza con datos sociológicos y patrones de comportamiento criminal, y determina dónde y cuándo es más probable que se produzca el próximo crimen. Así, permite que se asignen patrullas y recursos más numerosos a las zonas donde es científicamente previsible que será necesaria la intervención policial.

Aunque no es la única, PredPol es a día de hoy la herramienta de predicción más precisa a la que pueden recurrir las fuerzas del orden. Las ‘zonas calientes’ que delimita son de apenas 150×150 metros y van evolucionando en tiempo real. Además, el programa aprende de la experiencia y se adapta rápidamente a los cambios. Su impacto ha sido tal que la revista Time lo incluyó en su lista de los 50 mejores inventos de 2011.

Su principal ventaja es que se anticipa a las desgracias, así que permite poner la venda antes de que se produzca la herida. Sin embargo, también tiene sus inconvenientes: puede dar lugar a la criminalización de ciertos barrios, los más señalados por su virtual dedo, y en ciertos casos puede conducir a que se produzcan detenciones arbitrarias basadas en una mera sospecha.

Otros sistemas de predicción del crimen similares utilizados por los distintos cuerpos de policía estadounidenses son ClearView, Blue CRUSH, SPSS o Domain Awareness System.

Human Mobility Prediction

Desde que el iPad vio la luz y otros fabricantes siguieron los pasos de Apple, las ventas de ordenadores comenzaron a caer y entramos de lleno en la llamada era postpecé. Teléfonos inteligentes y tabletas son ya los dispositivos más utilizados por los ciudadanos y, en consecuencia, también por los malechores. Con este panorama, no podía tardar mucho en aparecer el primer ‘software’ de predicción del crimen para móviles.

El ingeniero Mirco Musolesi, de la Universidad de Birmingham, ha desarrollado un algoritmo capaz de averiguar dónde cometerá un delincuente su próximo crimen o hacia dónde se dirige un sospechoso en base a las coordenadas GPS y otra información disponible en su teléfono móvil y los de sus cómplices (registro de llamadas, mensajes de texto….).

De momento su sistema, que resultó ganador del último Mobile Data Challenge convocado por Nokia, no ha sido utilizado en escenarios reales. Sin embargo, en las pruebas que se han llevado a cabo logró acertar el lugar al que un voluntario se dirigía con un margen de error de solo 20 metros cuadrados.

Os estaréis preguntando qué piensa hacer Musolesi si el maleante desconecta el GPS y toma medidas para que no le cuelen una aplicación espía. Pues no os preocupéis, que lo tiene previsto. En ese caso, su herramienta recurre a los datos que proporcionan las torres de telefonía para triangular la posición del dispositivo. No obstante, esta información es menos precisa y la Policía necesitaría una orden del juez para que la operadora proporcione los datos.

Más allá de estos matices, solo hay tres escenarios en los que el método es completamente inútil: que el criminal sea un completo tecnófobo, que tenga el teléfono de adorno o que utilice un terminal antediluviano.

Facebook PhotoDNA

A veces el mejor aliado de la Policía es el sector privado y, en este caso, grandes empresas de Silicon Valley como Facebook, que utilizan sus propios algoritmos para predecir crímenes. ¿Por qué lo hacen? Sin duda para proteger su negocio y borrar toda sospecha de que se utiliza para planificar o cometer delitos.

La red social de Mark Zuckerberg, concretamente, ha centrado sus esfuerzos en combatir la pedofilia. Para ello analiza los mensajes en busca de usuarios con ciertos patrones de comportamiento: solo escriben a menores de 18 años, la mayoría de sus contactos son mujeres, utilizan frecuentemente palabras como “sexo”, “cita” o “quedar”… Después, a partir de estas pistas, hay personas dentro de la compañía que se dedican a revisar exhaustivamente los perfiles sospechosos y avisar a la Policía en caso de delito.

En 2011, Facebook llevó esta lucha un paso más allá con PhotoDNA, un servicio de Microsoft que escanea las fotos que suben los internautas y las comparan con el banco de imágenes de pornografía infantil del FBI.

Rapid Content Analysis for Law Enforcement

Esta herramienta, desarrollada por la start-up ECM Universe en Virginia (Estados Unidos), se presenta como “una solución para vigilar redes sociales en tiempo real”. Como parece lógico, lo hace analizando los mensajes de Facebook, Twitter y otras comunidades virtuales en busca de expresiones que revelen la intención de cometer un delito.

En la mayoría de los casos son palabras o frases claramente amenazadoras, pero a veces se trata de asuntos mucho más triviales. Para determinar qué tipo de comentarios antecede a un crimen, la empresa cuenta con un extenso archivo de tuits y publicaciones de Facebook escritos por delincuentes reales antes de perpetrar sus fechorías.

¿Cuál es el riesgo? Que, llevándolo un poco a la caricatura, una persona completamente inocente podría acabar entre rejas por decir que ha comido un chuletón si resulta que dos años antes un asesino en serie hizo lo mismo.

Total Information Awareness

La TIA ya no es solo la central de inteligencia para la que trabajaban Mortadelo y Filemón. Desde 2002, poco después del 11-S, es también el proyecto más ambicioso para monitorizar la vida de los ciudadanos que se ha puesto en marcha en la historia de los Estados Unidos. En resumen, se trata de crear la base de datos definitiva uniendo todas las que ya existen, tanto públicas como privadas (las del FBI, las de la CIA, federales, estatales, registros médicos, educativos, financieros, de transporte…), y ponerla a disposición de los diferentes agentes del orden.

Sobre este gran registro, y aquí viene la miga tecnológica del asunto, se aplicarían las más avanzadas técnicas de minería de datos en busca de patrones de conducta criminal. Es habitual que los delincuentes sean personas con un pasado movedizo: divorcios, despidos, expulsión de centros escolares o universitarios… Todo eso estaría reflejado en los archivos de la T.I.A., disponible para ser cruzado con otros datos ante cualquier señal de alerta.

Sirva de ejemplo el reciente caso de la matanza de Aurora (Colorado), durante el estreno de la última película de Batman. El presunto autor, James Holmes, abandonó el colegio avisando por correo electrónico, trató de inscribirse en un campo de tiro mediante llamadas e emails y compró armas, munición y material para fabricar explosivos a través de internet. Todo junto y agitado por medio de algoritmos en una ‘coctelera informática’, tal vez hubiera sido suficiente para predecir (e impedir) la brutal tragedia.

No obstante, en 2003, el Senado estadounidense cortó la financiación del programa y, al menos en teoría, forzó su clausura. Lo hizo presionado por las críticas, que se despachaban a gusto y cada vez con mayor encono sobre un proyecto dudosamente legítimo desde el punto de vista de la privacidad. A pesar de ello, un goteo de informaciones en los medios ha venido alimentado desde entonces la sospecha de que el sistema sigue siendo utilizado por las agencias de espionaje.

Imaginad su potencial en tiempos de Google, Facebook y Twitter (a algunos ya les ha dado para un libro).

Translingual Automatic Language Exploitation System (TALES)

Este ‘software’ desarrollado por la multinacional de origen estadounidense IBM soluciona el gran problema al que se enfrentan las autoridades cuando pretenden monitorizar los contenidos publicados en internet: el idioma. Imagina que somos el Gobierno de los Estados Unidos y tratamos de tener bajo control todos los vídeos que hablen sobre Al Qaeda, en busca de pistas sobre sus próximos atentados. ¿Qué nos lo impide? Que la gran mayoría, o al menos los más interesantes, están en árabe.

TALES es un ‘supertraductor’ que se encarga de derribar esta barrera. Introducimos un término de búsqueda (ataques contra embajadas, por seguir con el ejemplo) y el sistema se encarga de recorrer un listado predefinido de webs, aquellas que sospechamos que utilizan los terroristas, en busca de la traducción árabe de esas palabras. En cuestión de segundos devuelve todos los resultados que ha encontrado (vídeos, textos…) y, por si fuera poco, los muestra traducidos, subtitulados o incluso transcritos, con las palabras clave resaltadas en otro color.

Con todo este trabajo hecho, ya solo haría falta aplicar los algoritmos de los que hemos hablado anteriormente y dejar que ellos se encarguen de buscar amenazas.

TALES es solo uno de los muchos proyectos que se han puesto en marcha con el objetivo de superar la barrera del idioma en la minería de datos. De hecho, ni siquiera fue inicialmente concebido como una herramienta para la prevención del crimen. A partir de él han surgido otros programas que exploran este terrno, como por ejemplo Translingual Information Detection, Extraction and Summarization (TIDES), Global Autonomous Language Exploitation (GALE) o Broad Operational Language Translataion (BOLT), todos ellos promovidos por la agencia DARPA.

Cogito

Del cartesiano “pienso, luego existo” al paranoico “pienso cometer un crimen, luego soy un criminal”. Esta herramienta, desarrollada en Israel y puesta a prueba por su ejército, se ha utilizado en países como India o México e incluso llegó a hacerse un hueco entre las fuerzas de seguridad estadounidenses tras los ataques del 11 de septiembre.

Básicamente, se trata de un sistema de predicción (bastante invasivo) capaz de detectar los planes que rondan la cabeza de un criminal antes de que los ponga en marcha. O al menos eso es lo que sus creadores prometen. Imaginemos que la herramienta, un conjunto de aparatos que caben en un maletín del tamaño de un portátil, se instala en un aeropuerto o un control fronterizo para impedir que potenciales terroristas accedan al país. ¿Cómo conseguirá reconocerlos?

En primer lugar, Cogito escanea de forma remota a todo bicho viviente con una tecnología que analiza sus intenciones. Sí, sí, sus intenciones. No sabemos muy bien cómo (porque lo guardan en secreto), pero teóricamente de esta forma es capaz de identificar a unos cuantos sospechosos, que tendrán entonces que someterse al interrogatorio de la máquina.

Les sientan en una silla, les dan unos auriculares y les hacen colocar la mano sobre el sensor biométrico. Entonces Cogito comienza a formular preguntas (en total unas 24) y a analizar las respuestas. A nivel psicológico, parte de una premisa que, según sus creadores, se cumple en todos los criminales: tienen miedo a ser descubiertos. A nivel biológico examina factores como la conductividad de la piel o los niveles de sudor y sal excretados para saber si está mintiendo o dice la verdad.

Pese a la enorme cantidad de sospechas que levanta, parece ser que Cogito es bastante efectiva y solo da lugar a un 10% de falsos positivos. ¿A costa de qué? De la presunción de inocencia y la privacidad de todo el que se cruce en su camino.

Future Attribute Screening Technology (FAST)

Muy similar a Cogito en su planteamiento, FAST es un programa creado en 2008 por el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos con el propósito de predecir las intenciones de un criminal analizando indicadores psicológicos y fisiológicos (pulso, temperatura de la piel, respiración, expresión facial, movimientos, dilatación de las pupilas, etc.). Según sus responsables, el sistema alcanzó un 78% de precisión durante las pruebas preliminares, de nuevo a costa de saltarse a la torera varios derechos constitucionales. Por supuesto, no tardó en levantar ampollas, desatar oleadas de indignación y ser comparada con la policía del pensamiento de Orwell.

StarChase

Las persecuciones policiales a velocidades de vértigo son el plato fuerte de los telediarios estadounidenses, de Youtube y de las películas de acción. Se producen más de 100.000 al año solo en la primera potencia mundial y casi siempre acaban mal, con aparatosos accidentes en los que a menudo el criminal, los policías que tratan de darle caza o personas inocentes pierden la vida. Son espectaculares y espectacularmente costosas, en términos humanos y económicos. Cientos de millones de dólares dilapidados entre las abultadas facturas que pagan las aseguradoras, los costes médicos, las indemnizaciones y las jornadas perdidas de trabajo.

Ahí es donde la tecnología entra de nuevo en juego para facilitar la vida a las fuerzas del orden. StarChase es utilizado por decenas de unidades para dar caza a los fugitivos sin necesidad de empotrarlos contra el guardarraíles.

Su funcionamiento es muy sencillo: un sistema de aire comprimido instalado en la parte frontal del coche patrulla dispara un proyectil que se adhiere al vehículo del sospechoso. Los agentes se retiran y dejan que el delincuente crea haber escapado. Es entonces cuando el dispositivo, en realidad un potente GPS, comienza a transmitir coordenadas a la central, permitiendo elaborar una estrategia para interceptar sin riesgos al fugitivo.

Los votantes dicen...
  1. […] ‘software’ permite realizar búsquedas en páginas web árabes o chinas en función de un término o palabras clave dado. En cuestión de segundos, TALES devuelve todos […]

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