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El lado oscuro de la red


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Carlos Guadián

Diplomado en gestión y administración pública y licenciado en Ciencias Políticas. Editor desde 2003 de K-Government. Coordino oGov, plataforma dedicada al Open Government. Actualmente parte del equipo de Autoritas Consulting.


Escrito el 1 de mayo de 2013 a las 8:11 | Clasificado en Tecnología

Todo parece indicar que el activismo político a través de redes sociales se está incrementando. Pero más allá de firmar peticiones o decir que nos gusta tal o cual opción política existe otro activismo que comparte espacio con actividades no tan honorables.

Ataques en Internet. (Akamai)
Ataques en Internet. (Akamai)

En el momento actual, en el que un tuit falso de Associated Press sobre un atentado a Obama puede provocar el pánico en la bolsa y hacer que se desplome durante unos minutos, la publicación de determinada información a través del canal adecuado puede provocar un tsunami político y económico.

Precisamente estos días estoy leyendo “El índice del miedo” de Robert Harris, un thriller que relata la falta de cualquier sentimiento en el mercado financiero hasta llegar al extremo de dejarlo en un algoritmo que lo llega a controlar todo. Me recuerda otras historias como Matrix, en el que las máquinas han generado una verdad paralela para dar el entorno adecuado a sus granjas de baterías, o la ya tradicional 1984, de George Orwell, en el que un gran hermano lo controla todo.

La idea de que la tecnología cobre vida y domine la realidad que nos rodea es algo presente desde el mismo inicio del uso del silicio para operar y digitalizar. Pero, de momento, no hace falta ir tan lejos y podemos quedarnos en cambios más cercanos.

Yoani Sánchez afirma que Twitter ha cambiado la vida de mucha gente. Y es que la tecnología ayuda a transformar la realidad de muchos pudiendo disponer de una información a la que, de otra manera, hubiera sido imposible acceder. Pero no sólo se queda ahí. También está transformando la manera en cómo los países reciben los ataques y, sobre todo, en cómo se defienden de ellos.

Además, nos hemos acostumbrado a ver cómo páginas web de organizaciones y gobiernos son objeto de ataques, como el recibido por la web del Congreso de los Diputados a consecuencia de la convocatoria de la plataforma En Pie para asediar la cámara baja. Incluso vemos, de cuando en cuando, cómo aparecen noticias sobre el arresto de hackers que se escudan en organizaciones como Anonymous o LulzSec.

Hay países que son verdaderos hogares para aquellos que intentan quebrantar la ley a través de Internet. China, Estados Unidos, Turquía o Rusia, entre otros, son considerados los principales países desde los que salen los ataques a todo internet. Y es que la mayoría de ocasiones las habilidades utilizadas para hacer determinado activismo político son compartidas por aquellos que también se encuentran en el lado oscuro de la red para beneficiarse económicamente de engaños y robos.

La falta de escrúpulos llega hasta el punto de aprovechar un hecho como el atentado con bombas a la maratón de Boston para distribuir virases a través de emails valiéndose de ‘agujeros’ de seguridad de Java.

Internet nos ofrece un nuevo escenario para el activismo político. Nos ofrece nuevas oportunidades. Pero también ofrece nuevos peligros. La ciberguerra es algo habitual en las noticias. Los engaños basados en ingeniería social son más que habituales. La combinación de la facilidad que hoy en día el activismo hace que los usuarios hagan clic en un enlace o distribuyan una determinada información, con objetivos no muy lícitos, puede provocar situaciones con graves consecuencias.

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