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Hologramas, ¿el siguiente paso?


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Carlos Guadián

Diplomado en gestión y administración pública y licenciado en Ciencias Políticas. Editor desde 2003 de K-Government. Coordino oGov, plataforma dedicada al Open Government. Actualmente parte del equipo de Autoritas Consulting.


Escrito el 5 de febrero de 2014 a las 8:49 | Clasificado en Tecnología

en ocasiones, parece que la tecnología juega en contra de los intereses democráticos, en lugar de proporcionar vías de acercamiento entre la política y la ciudadanía, fortalece las barreras ya existentes. Pero no es la tecnología la culpable, sino quienes hacen su uso.

Holograma del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. (YouTube)
Holograma del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. (YouTube)

No hace ni un año que Mariano Rajoy apareció por segunda vez a través de un plasma para hacer declaraciones. El revuelo que generó fue bastante grande. La percepción de que se escudó tras una pantalla para no afrontar a los periodistas se hizo mayoritaria y no fue una actuación que le ayudara a generar confianza, transparencia y cercanía.

De la misma manera que la tecnología proporciona las herramientas necesarias para generar redes, cohesionar comunidades, facilitar la comunicación, también podemos encontrar casos en los que precisamente hace lo contrario: levantar barreras. Las herramientas no lo son todo, una parte muy importante es la actitud de las personas que han de utilizarlas.

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, debía acudir a un acto de su partido pero no podía asistir. Decidió que en su lugar se proyectara un holograma suyo con su intervención. El impacto mediático ha sido grande, medios de todo el mundo se han hecho eco. Seguramente, a partir de ahora veremos alguna que otra aparición holográfica. Esperemos que no se ponga tan de moda como lo hizo Second Life en su momento.

Y parece que no ha sido el primero en darle este uso a los hologramas. Un político indio, en diciembre de 2012, utilizó 26 hologramas en su campaña electoral, e incluso Ronald Reagan también habría preparado su aparición en 2012 en la convención nacional republicana mediante un holograma.

Parece que esta tecnología no sólo salvaría distancias, sino que, además, dotaría al político del don de la ubicuidad. Sólo hay que imaginar un final de campaña en el que el cabeza de lista pueda estar “virtualmente presente” y dando su discurso en todo el territorio simultáneamente.

La holografía puede aportar ventajas a la política. Incluso se le augura un gran futuro. Pero también puede ser la vía perfecta para eludir la interacción directa. Puede ser otra excusa más para no acercarse a la ciudadanía, e incluso para no afrontar ciertas realidades. ¿Será el siguiente paso al plasma o favorecerá la acción política?

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