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Internet no es el mundo de Yupi


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Carlos Guadián

Diplomado en gestión y administración pública y licenciado en Ciencias Políticas. Editor desde 2003 de K-Government. Coordino oGov, plataforma dedicada al Open Government. Actualmente parte del equipo de Autoritas Consulting.


Escrito el 31 de julio de 2013 a las 8:22 | Clasificado en Tecnología

Nuevo movimiento para limitar contenidos en internet bajo la justificación de la protección de los menores de edad: prohibir contenidos e incluso expresiones para encaminar la Red a los mundos de Yupi.

Imagen elaboración propia
Imagen elaboración propia

Leer noticias como que el primer ministro británico David Cameron quiere prohibir los contenidos pornográficos en internet, o que en Rusia quieren prohibir “jurar” en internet porque los menores de edad tienen acceso a estos contenidos, puede hacer pensar que hay que poner normas de comportamiento que se tengan que respetar. Aunque también puede generar recelos a muchos usuarios, en cuanto que se está intentando limitar tanto los contenidos, como la libertad de expresión.

Este tipo de iniciativas pueden querer “proteger” a los menores de contenidos no apropiados. El acceso a la Red, al menos de momento, es universal. Cualquier usuario puede acceder a los contenidos que desee. Incluso aquellos que están obligados a ofrecerse sólo a mayores de edad pueden accederse tan solo haciendo un clic para confirmar que todo está correcto.

Podemos pensar sobre la idoneidad de tales medidas y cómo repercutirán en los usuarios. Pero de la misma manera que en televisión hay franjas horarias especialmente protegidas para la infancia (de 6:00 a 22:00 con un espacio superprotegido de 8:00 a 9:00 y de 17:00 a 20:00) y no se respetan por la mayoría de cadenas, será muy complicado que, a pesar de las limitaciones, no hayan contenidos inapropiados en internet.

Los defensores alegan que renunciar a una pequeña parte de los contenidos en aras de preservar la infancia es algo positivo. Los detractores que de lo que se trata es de controlar los contenidos y, por lo tanto, qué se puede o no consultar y publicar en internet.

Además de estas argumentaciones, también se ponen encima de la mesa las responsabilidades que tienen los padres en cuanto al acceso de los contenidos, ya sea en la televisión o en internet. Es muy cómodo para algunos progenitores dejar a los niños y niñas delante de la pantalla, ya sea una u otra, para que se entretengan sin prestar atención a los contenidos que consumen. Y más en un momento en el que, tanto por smartphones como por cualquier otro dispositivo, se puede acceder a lo que se quiera.

Para muchos la solución fácil es dejarlos ahí, pero otros preocupados por este tema contratan controles de acceso parental a sus proveedores de internet. Tengamos en cuenta que si una prohibición como la del Reino Unido se hiciera efectiva este nicho de negocio dejaría de existir, por lo que una posible resistencia de las operadoras está garantizado.

Volvemos una y otra vez al intento de controlar contenidos mediante regulaciones, que en lugar de ajustarse a un problema específico, parece que lo hagan más eligiendo una solución fácil. En este caso los consumidores de porno tendrían que retratarse para poder acceder a los contenidos deseados. Y ese tipo de información, si se llegará a generar, sería muy sensible. Pero el problema no es que los usuarios queden retratados por sus preferencias sexuales, el problema es la catalogación de los usuarios en listas controladas por operadoras.

Es un problema que podría derivar en una continuidad de legislaciones, como la propuesta rusa de prohibir jurar en internet, que acaben condicionando a la ética y al parecer del legislador, que se puede decir o publicar en internet más allá de la legalidad offline. Aunque como ya hemos visto en múltiples ocasiones los candidatos no dudan en presentarse desnudos a unas elecciones atraídos por la erótica del poder.

El caso es que, como comentan en Gizmodo a raíz de una propuesta similar (y anterior) a la del Reino Unido de querer prohibir también el porno, parece que lo normal para legisladores chinos o de Corea del Norte empieza a serlo también los legisladores de la Europa democrática. Un hecho que nos debería preocupar y reflexionar profundamente.

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