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Internet para dictadores


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David G. Ortiz

Periodista 'geek'. Cofundador de HojaDeRouter.com. Escribo sobre tecnología en TecnoXplora (Antena3.com). Antes pasé por lainformacion.com y los micrófonos de la Cadena SER. Firme defensor de que dormir está sobrevalorado.


Escrito el 1 de abril de 2013 a las 11:48 | Clasificado en Tecnología

¿Es usted un gobernante totalitario? ¿Está harto de que la libertad de expresión campe a sus anchas por la Red? Con estos sencillos pasos los disidentes no volverán a molestarle.

Ilustración de la lista de "enemigos de internet" (Foto: Reporteros sin Fronteras)
Ilustración de la lista de "enemigos de internet" (Foto: Reporteros sin Fronteras)

Estimado comandante,

Ha llegado a mis oídos que, recientemente, encabezó un golpe de estado para derrocar al vigente gobierno y concentrar en su persona todo el poder de su bella y gran nación. No sé si darle o no la enhorabuena. Se enfrenta usted a una larga y dura batalla si quiere instaurar un auténtico estado policial. Le aconsejo que no se ande con remilgos, pues los amigos de la democracia y la libertad de expresión no pararán hasta derrocarle. Deberá estar siempre alerta.

Me consta que está usted familiarizado con los peligros de los medios tradicionales (prensa, radio, televisión, libros, música, cine…), así que estoy seguro de que va a entender a la perfección lo que le voy a contar sobre internet. En realidad solo hay una (gran) diferencia: las fronteras online son mucho más permeables y el pueblo podría acceder a cierta información contraria a los intereses de su régimen a través de páginas web extranjeras.

Afortunadamente para usted, está todo inventado. Solo tiene que aprender de maestros como Bahrein, China, Irán, Siria o Vietnam, cuyas maquinarias de censura son tan eficaces que han despertado las iras de organizaciones como Reporteros sin Fronteras, que recientemente incluyó a estos cinco países en su lista de los “enemigos de internet”. Cuba, Bielorrusia o Corea del Norte son también ejemplos a seguir. Igual puede usted ponerse en contacto con ellos.

De todos modos, para facilitarle el trabajo, me he permitido la libertad (discúlpeme si excesiva) de elaborar esta pequeña guía que podrá usted consultar mientras erradica el debate político y protege a sus ciudadanos de la invasión de ideologías perversas.

Acapare el mando a distancia

Aunque a menudo lo olvidamos, internet en realidad no es otra cosa que un conjunto de máquinas conectadas entre sí por cables que transportan ceros y unos en forma de señales eléctricas. Es una definición simplista, pero nos sirve para tener claras las infraestructuras y el equipamiento físico que usted deberá tener bajo control. También vale para hacerse una idea de la cantidad de ingenieros que va a necesitar para que todo permanezca en orden.

No es necesario, aunque sí aconsejable, que todo sea propiedad del Estado. No tiene usted por qué iniciar una cruzada al grito de “¡exprópiese!”. También puede optar por ejercer su influencia sobre las empresas privadas que ya poseen esos recursos. Lo importante es que su omnipotente dedo esté sobre el botón que enciende y apaga internet.

Le pongo un ejemplo. En 2009, tan solo unas horas antes de que se abrieran las urnas para las elecciones de Irán, era imposible enviar mensajes de texto y las webs de los partidos de la oposición estaban caídas. ¿Casualidad? Juzgue usted mismo.

No los deje caer en la tentación

Un cuchillo puede servir para cortar carne o tallar madera, pero también como una letal arma blanca. Depende de quién lo utilice. Mi consejo que no se fíe de nadie y sea precavido: la mejor forma de evitar disgustos con el acceso a internet es que la gente no tenga ordenadores. En Cuba, hasta hace unos pocos años, estaba prohibido adquirir equipos informáticos sin el permiso expreso de las autoridades. Casi todos los PCs de la isla eran propiedad del Estado. Y lo mismo sucedía con los teléfonos móviles hasta 2008.

Y sí, es cierto que la gente se las arreglaba para ensamblar su propia máquina con piezas del mercado negro y que algunas se colaban de contrabando desde el extranjero, pero los precios eran prohibitivos y, además, el gobierno lo tenía previsto: también hacía falta un permiso para conectarse a la Red. Vamos, que los cubanos lo tenían verdaderamente difícil para conectarse a la red desde sus casas.

Bienvenido, Mr. Internauta

Dejar al pueblo sin conexión puede ser una medida necesaria, pero tiene sus contrapartidas. Tal vez usted sí quiera aprovechar el mundo virtual para divulgar las bondades de su régimen. La propaganda es un arma de lo más valiosa, incluso ‘en la nube’. Por eso le recomiendo que, en lugar de permitir el acceso a la peligrosa Red global o erradicarla completamente, monte usted su propia internet.

No es difícil y países como Corea del Norte, la propia Cuba o Myanmar ya han puesto en marcha con éxito su intranet nacional. Irán también está en ello, aunque la más famosa no deja de ser la norcoreana Kwangmyong, que cuenta con un buscador interno, noticias y un servicio similar al email. Incluso admite replicar contenidos de la Red global tras una solicitud y la imprescindible revisión de las autoridades.

Levante una gran muralla

Si tiene su propia internet no le hará falta pero, en caso de que usted decida abrir parcialmente sus fronteras a la Red global, mi consejo es que levante primero un gigantesco muro. Así podrá controlar lo que entra y lo que sale de las tres uve dobles patrias. China y su ‘Great Firewall’ son sin duda el ejemplo a seguir. El gigante asiático tan solo ha necesitado diez años (de 1998 a 2008), entre 30.000 y 50.000 ciberpolicías y más de 60 leyes para levantarlo.

Por resumir, la barrera protege paternalmente a los chinos de dos amenazas: las webs extranjeras que se consideran peligrosas y la disidencia interna. Una vez identificadas, se elabora una lista negra de páginas (para bloquearlas) y palabras o términos prohibidos (para filtrarlos). Tanto el bloqueo como el filtrado pueden ser permanentes o temporales. Para que se haga una idea, aquí puede comprobar en tiempo real si es posible acceder a una web en concreto desde China.

Haga amigos

En Ottawa viven alrededor de un millón de personas. En China viven unos mil millones. Sin embargo, en la capital de Canadá hay más usuarios de Facebook que en toda la potencia asiática, donde el acceso a la red social está bloqueado por el Gran Firewall. ¿Y cómo es que la gente no se rebela?, se preguntará usted. Pues muy sencillo, porque el gobierno de Pekín ha actuado como cabría esperar de un chino: copiando.

Cada vez que una multinacional tecnológica se ha negado a cumplir con los requisitos del aparato de control estatal, su plataforma ha acabado bloqueada y ha nacido un clon casi idéntico (salvo por los ojos rasgados). No se puede entrar en Google, pero tienen Baidu; no se puede usar Facebook, pero RenRen hace el apaño; no se puede acceder a Twitter, pero sí a Weibo. Y así sucesivamente.

También son canales de comunicación alternativos donde la disidencia puede organizarse, pero hay una crucial diferencia: se encuentran sometidas a las leyes chinas, es sencillo atraerlas con subsidios y exenciones fiscales y la ingente cantidad de información que circula a través de ellas no va a parar a manos de un multimillonario en Silicon Valley.

Asuste al estilo ‘cartoon’

Se puede intimidar a los internautas de muchas formas, pero debo reconocerle que esta es la que a mí más me divierte. En Shenzhen, la ciudad china donde se fabrican la mayoría de smartphones baratos, los encargados de hacer saber a la población las consecuencias de saltarse los controles son Jingjing y Chacha, dos simpáticos dibujos animados. Su mensaje, que ya ha calado en todo el país, es de lo más sencillo: si el ciudadano se autocensura nos ahorraremos tener que censurarle y él se ahorrará disgustos.

Para que la disuasión funcione, como es lógico, deberá usted asegurarse de que las consecuencias legales y económicas sean suficientemente contundentes. No estaría de más que meta a un par de ciberdisidentes en la cárcel, al menos unos días, para quitarle las ganas al resto. En China funciona.

Espero que mis consejos sean de su agrado y contribuyan a hacer del suyo un gobierno interminable y fructífero, al menos para sus allegados. Tendrá que disculpar que no me presente, pero está conversación podría caer en manos de alguien como usted y prefiero no correr el riesgo.

Un saludo.

Los votantes dicen...
  1. […] me dirigí a usted en otra ocasión para ofrecerle humildemente mi consejo. Como tal vez recuerde, le hablé de restringir el acceso a […]

  2. […] me dirigí a usted en otra ocasión para ofrecerle humildemente mi consejo. Como tal vez recuerde, le hablé de restringir el acceso a […]

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