Hace unos días se aprobó la Iniciativa Ciudadana Europea, herramienta destinada a permitir a un millón de europeos presentar propuestas legislativas. La ICE nació en el Tratado de Lisboa como muestra de la apertura democrática de las Instituciones de la Unión. Desde ese momento se presentó como algo propio de la democracia participativa generando todo tipo de expectativas ciudadanas que se han ido quedando por el camino de su aprobación, al ponerse de manifiesto que lejos de dar participación a los ciudadanos en las decisiones de la Unión la ICE no es más que una herramienta de democracia representativa que les permite dar ideas a través de un procedimiento formalizado.

Un grupo de ciudadanos puede presentar una propuesta legislativa europea bien fundada (compatible con los Tratados y sin exceder las competencias de la Unión): una vez presentada tendrán un año para recoger en al menos siete países miembros un millón de firmas de apoyo. Si lograran su objetivo, la propuesta comenzaría su proceso legislativo habitual en las instituciones de la UE (permitiendo a los promotores su defensa en audiencia pública), pudiendo ser aprobada, enmendada o rechazada.

Cualquiera que ha intentado recoger firmas alguna vez sabe que se trata de algo poco eficaz, más allá del impacto mediático, y que puede generar desilusión pero, sobre todo, un proceso complicado, lento y costoso, más propicio para grupos organizados que para ciudadanos comprometidos. Sólo queda una pequeña esperanza: el soporte que proporcionará la Comisión para la recogida electrónica de firmas. Si se acierta en su desarrollo los ciudadanos podrán competir con los grupos organizados, lo complicado puede volverse sencillo, lo lento rapidísimo y lo costoso baratísimo.

Publicado por Rafa Rubio

Profesor y consultor de comunicación pública. La participación, las campañas y la diplomacia pública son sus ocupaciones y helprevolution.org su sueño.

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17 comentarios

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  2. Si la ciudadanía comprometida fuese capaz de adquirir fuerza y "empoderamiento" se podría ganar la batalla a grupos organizados, aunque no se trata de desplazarlos si no de ponerlos en el lugar que les corresponde- en el de solucionar problemas no de anular personas- y entre individualidades y grupos ser capaces de crear voz y opinión que los medios de comunicación puedan hacerse eco, no solo de lo más institucional, sino de la iniciativa privada que se debe hacer pública

  3. Habría que hablar mucho de la ICE y el uso que realiza de los medios electrónicos. Leidos los borrradores, me parece que tiene demasiados coladeros y algún elemento que puede causar conflictos legislativos con los EEMM. Entre los primeros, en ningún sitio se indica que haya que validar las fimas electrónicas (tampoco las manuscritas). Entre los segundos, se impone el uso de firma electrónica avanzada, que no reconocida, lo cual en algunos paises, por ejemplo España, no es eqivalente a firma manuscrita.

    1. @Andresnin el problema de fondo es que la Comisión no está dispuesta a asumir el trabajo/coste de la verificación de firmas y no puede imponer una carga a los EEMM sin darles cierto margen de actuación. Por eso creo que es importante que la herramienta que la Comisión incluya un sistema único que sea aceptado por todos los EEMM. En las reuniones con la Comisión propusimos el modelo creado por la Universidad de Murcia para la ILP como punto de partida, pero en ese momento, antes de que el Parlamento aprobara esa herramienta, no nos hicieron mucho caso.

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