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Máquinas políticas


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 19 de noviembre de 2012 a las 8:03 | Clasificado en Tecnología

La nueva política va asociada a grandes programas informáticos que para algunos hacen inútiles a los políticos.

Empleada postal trabajando en una máquina mecanizada (Fuente: Flickr Smithsonian)
Empleada postal trabajando en una máquina mecanizada (Fuente: Flickr Smithsonian)

Se podría pensar que todo lo que ocurre actualmente es una conspiración de sociólogos y psicólogos que han logrado llevar a la Sociedad a una irremediable era de la “sobreinformación” perfectamente interconectada para poder finalmente demostrar que lo que hacen (hacemos) es tan ciencia como la Física.

“Si logramos conocer todas las variables podremos explicar y predecir los comportamientos individuales y sociales, así como modificarlos”. Esta máxima, que acercaría significativamente las ciencias sociales a las ciencias puras, tenía sin lugar a dudas dos enormes handicaps. Por un lado se asume como imposible descubrir todas las variables de una acción y por otro el propio conocimiento de las mismas influye en ellas y puede hacer cambiar la acción de forma inesperada (podemos simplificarlo como predicciones que se autocumplen y predicciones que se autoniegan)

Ahora bien, la primera de las dificultades se está simplificando una vez empiezan a estar disponibles una ingente cantidad de variables (bases de datos) gracias a la constante participación que hacemos en redes sociales y cualquier esfera pública. Eso permite correlacionar y obtener patrones de comportamiento cada vez más fiables. La segunda queda pendiente, pero años de “ensayo-error” han servido para perfeccionar la predicción de estas reacciones, especialmente en el campo de la política y la intención de voto.

Aquí llega entonces la clave. Resulta que Obama disponía en “la Cueva” de su centro de operaciones en Chicago de un secreto y potentísimo ordenador dedicado a tragar todas las variables y escupir resultados para condicionar el voto. Conscientes de la importancia de los Estados bisagra que dan la presidencia de los Estados Unidos, los responsables del artefacto informático recogían todos los datos públicos de los ciudadanos de las ciudades claves y obtenían así líneas de actuación tan minuciosas como saber en qué series de televisión anunciar a Obama y con qué mensajes concretos o con quién debía cenar el candidato para ganar el voto de las mujeres de entre 40 y 49 años de la Costa Oeste.

Todos los datos recogidos eran públicos, detectados en redes sociales. Para convertirlos en información relevante basta con correlacionar e hipersegmentar hasta lograr interpretar cuáles son los condicionantes del voto, así como estipular los lugares donde es rentable hacer el esfuerzo. Algo para lo que -afortunadamente- hacen falta sociólogos.

Datos sobre datos

Sin duda resulta impactante esta capacidad predictiva, pero hay más; un modelo estadístico capaz de conocer lo que va a predecir el ordenador de Obama, el de Romney (que debe estar todavía con Windows Vista) y el de todas las encuestas de Estados Unidos. Creado por Nate Silver, es el Skynet de la política, que también viaja al pasado para recoger las variables de resultados anteriores y así añadirlos a su fórmula predicitiva, que incluye una ponderación de los resultados de todas las encuestas electorales que se hacen para obtener con gran fiabilidad el resultado final de las elecciones.

Son los datos, de los datos obtenidos por el tratamiento de los datos de los datos que han dado los primeros datos. Perdonen esta frase, pero en el fondo viene a ser eso. La fórmula de Nate Silver se apoya en las fórmulas de los encuestadores, que  a su vez se apoyan en la fórmulas de las encuestas anteriores y en las fórmulas de los programas electorales de cada candidato. Son muchos años perfeccionando estos modelos, por lo que la suma de todos -que es en muy resumidas cuentas lo que ofrece Silver- ha logrado generar un fiabilidad casi total en circunstancias normales.

A más variables, mayor fiabilidad. Así empezaba este artículo. Ahora bien, por más cerca que se esté de ese “todo” que se necesita conocer, seguimos lejos de poder eliminar las casualidades, porque quedan en sombra todavía muchas causalidades. Es decir, se nos siguen escapando los motivos que provocan reacciones irracionales -aunque evidentemente los estudios psicológicos también estén ofreciendo grandes logros para la mayor predectibilidad posible-, así que el 100% de seguridad queda lejos para fortuna de los periodistas y amantes de los giros inesperados de guión.

Ordenador con humanos

A España parece haber llegado de forma pública esta “tecnologización” de  la labor política a través del PSOE con el reciente anuncio de que disponen de un programa informático que será el Gran Hermano del mapa electoral, aunque evidentemente ya existían modelos estadísticos desde hace bastantes años (aunque parece que no se les hace demasiado caso).

Con todo esto, uno podría pensar que entonces ganar unas elecciones se reduce a comprar el mejor ordenador, que sobran los políticos y que un buen Terminator sería imbatible en unas elecciones. Pero en el fondo es todo lo contrario, aunque sí sea cierto que cada vez podemos determinar mejor nuestras ‘personas de interés’, como ya recoge alguna serie…

Una vez hipersegmentados los datos hasta el límite de saber lo que tu vecina castaña de 28 años nacida en Orense come los lunes y las máquinas que más utiliza en su gimnasio, o se tiene algo que ofrecer políticamente o nuestro ordenador resultaría más útil para jugar al Solitario. Por mucho que Obama hubiese filtrado Facebook hasta el menor de los datos, si no hubiera tenido una respuesta política no se podría dar ningún cambio y por eso hace bien el PSOE, por seguir con el ejemplo, al unir a su ordenador a 36.000 militantes -humanos- que puedan hablar con el potencial votante.

La política seguirá siendo por tanto un arte que necesite de grandes intérpretes de los datos (cada vez mayores y más exactos), de grandes innovaciones ideológicas basadas en la experiencia diaria y en las utopías como gasolina del movimiento y de voces que representen liderazgos. Pero estos tendrán que ser cada día menos personalistas, asumiendo que conocer todas las variables es un lujo cercano, pero que sólo puede ser disfrutado y aprovechado en equipo.

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