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Spotify amansa a las fieras


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David G. Ortiz

Periodista 'geek'. Cofundador de HojaDeRouter.com. Escribo sobre tecnología en TecnoXplora (Antena3.com). Antes pasé por lainformacion.com y los micrófonos de la Cadena SER. Firme defensor de que dormir está sobrevalorado.


Escrito el 15 de abril de 2013 a las 12:54 | Clasificado en Tecnología

La prohibición de Spotify en la Cámara de Representantes de EEUU por cuestiones de seguridad ha durado algo más de dos meses. ¿A qué se debía? ¿Por qué no se aplicó también en el Senado?

Vista exterior del Capitolio de los Estados Unidos (Foto: Wikimedia Commons)
Vista exterior del Capitolio de los Estados Unidos (Foto: Wikimedia Commons)

Todo comenzó a finales de enero, cuando los encargados de gestionar las redes en la cámara baja del Congreso estadounidense bloquearon el acceso a Spotify, el servicio más popular de streaming de música del mundo. “Para proteger la información de la Cámara, nuestra política es prohibir el uso de toda tecnología peer-to-peer (P2P) que opere desde la red segura”, explicaba un portavoz a Político para el artículo que desató la polémica.

En realidad, más que una filosofía es una norma, que entró en vigor en 2006, en pleno auge de Napster, cuando los legisladores estaban aterrados por la naciente ‘piratería’ y el lobby de las discográficas presionaba para endurecer las leyes. En aquellos tiempos, la prohibición pretendía librar a los empleados de la Cámara de la tentación de compartir contenidos sometidos a derechos de autor o descargar, por descuido, archivos infectados por virus. El enemigo a combatir era el denostado P2P.

Es de perogrullo que, casi una década después, el panorama ha cambiado mucho. El enemigo, al menos según los responsables de la infraestructura, son los cibercriminales, no ya la plataforma. Y sin embargo el bloqueo resulta anacrónico a ojos de la mayoría, algunos congresistas incluidos.

La multinacional sueca no tardó en reaccionar ante la prohibición de su servicio. “Es un día triste cuando un puñado de burócratas pueden impedir que los líderes de nuestra nación disfruten de acceso libre y seguro a más de 20 millones de canciones”, declaró un portavoz, aprovechando para recordar que tanto Obama como Romney usaron Spotify para conectar con los votantes durante la campaña previa a las elecciones presidenciales.

El veto ha sido finalmente levantado esta misma semana, para regocijo de varios congresistas. Sin embargo, el debate sigue abierto. ¿Es cierto que un servicio aparentemente inofensivo como Spotify puede ser una amenaza para la seguridad? ¿Estaba justificado el bloqueo? ¿Por qué no se aplicó también en el Senado? Eso ya es otra canción.

El lobby rechaza la autoría

Para sorpresa de muchos el bloqueo de Spotify no tiene nada que ver con el lobby antipiratería. De hecho, la Asociación de la Industria Discográfica de Estados Unidos (RIAA por sus siglas en inglés) salió inmediatamente en defensa de la plataforma de streaming. En una carta a la Cámara de Representantes, el presidente de ‘la SGAE norteamericana’ aseguraba que “estos servicios son seguros” y destacaba la importancia de permitir el acceso para “promover los proveedores legales de contenido digital”. Es más, la entidad ofrecía su colaboración a los legisladores para “desarrollar una nueva normativa que asegure a los usuarios de la red de la Cámara el acceso a estos nuevos servicios legales”.

Aunque en un primer momento las discográficas recibieron a Spotify como una amenaza y las negociaciones para incluir sus repertorios en la plataforma fueron lentas, la relación entre el lobby de la música y los suecos son buenas. Uno de los objetivos declarados del rey del streaming es “alejar a la gente de la piratería”. Y lo están cumpliendo con creces. La compañía tiene acuerdos con más de 300.000 sellos musicales y ha repartido alrededor de 500 millones de dólares entre los propietarios de los derechos desde su lanzamiento en 2008.

Sin embargo, aunque esta vez la RIAA no esté de acuerdo, los guardianes del copyright pueden considerarse autores intelectuales del bloqueo. “Años de criminalización indiscriminada de la tecnología P2P se vuelven ahora en contra de la industria de contenidos”, tuiteaba el activista Parker Higgins, de la Electronic Frontier Foundation, tras leer el comunicado. Y podría estar en lo cierto.

No son pocas las ocasiones en las que dirigentes del lobby discográfico han hablado a los congresistas de los maldades del P2P. Es más que probable que la presión ejercida y el miedo que llegaron a instalar en la clase política estadounidense sean los principales responsables de que en la actualidad existan medidas como la que ha hecho pulsar el botón de ‘pause’ sobre Spotify.

¿Existe realmente un riesgo?

Está claro que Spotify no es Napster ni emplea la misma tecnología para distribuir canciones. Sin embargo, la plataforma sueca también se sirve de las redes P2P para aumentar el ancho de banda de su servicio. ¿Qué quiere decir eso? Que no toda la música que escuchamos por streaming viene directamente de los servidores de la compañía, sino que en algunos casos se sirve desde el ordenador de otro usuario.

Y viceversa. Spotify utiliza parte de nuestra conexión para que la reproducción también sea rápida y fluida para el resto de usuarios. De lo contrario, la empresa tendría que aumentar considerablemente la capacidad de sus servidores, con el enorme coste que eso conlleva, para evitar que sus 24 millones de usuarios escuchen la música a tirones.

¿Y cómo se traduce esto en términos de seguridad? Pues bien, en la medida en la que no todos los datos que se descargan provienen de los propios servidores de Spotify, podría argumentarse que la tecnología P2P introduce un factor de riesgo adicional para la la red de la Cámara de Representantes. Depende en realidad de las medidas de seguridad que los desarrolladores hayan implementado en el programa, algo que sin una auditoría los técnicos del Congreso no pueden saber a ciencia cierta.

¿Entonces han hecho bien en bloquearlo? No necesariamente. Algunos usuarios, recelosos o hartos de que su velocidad de subida se resintiera, han encontrado formas de utilizar la plataforma renunciando al P2P. Por ejemplo, aceptando únicamente las conexiones del servidor de Spotify y denegando el resto gracias a la configuración del firewall. Es relativamente sencillo y con algo de interés está al alcance de cualquiera (especialmente de los informáticos del Congreso).

No es el primer caso

Si eres de los que al leer este artículo has pensado “¿para qué necesitan los congresistas Spotify en el trabajo?”, aquí tienes un ejemplo más claro. En junio de 2011, tras todo un año de polémica, la Cámara de Representantes levantaba el bloqueo sobre Skype. Ahora en manos de Microsoft, la que es probablemente la aplicación de videollamadas y llamadas VoIP más conocida del mundo permite a los representantes mantener el contacto con su territorio de una forma sencilla, en tiempo real y sin los costes de una teleconferencia. Ventajas que en su momento no parecían compensar los supuestos riesgos de la tecnología P2P.

Para que la administración de la cámara baja cambiara de opinión se necesitaron meses de trabajo codo con codo por parte del equipo de Skype y los informáticos del Congreso. Al menos en el caso de Spotify han llevado un mejor ritmo. Ya veremos si finalmente la música amansa a las fieras o dentro de unos meses volvemos con la misma canción.

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