En este proceso de adopción muchos han sido los que se han resistido. El hecho de ser un espacio no controlado, en cuanto a la información que se difunde, infunde miedo a todos aquellos que se habían acostumbrado a controlar hasta la más pequeña migaja de información. Sobre todo aquellos que gozan de una cierta relevancia en el ámbito local.

Hasta hace nada casi toda la información que podía salir de un ayuntamiento era mediante notas de prensa, entrevistas acordadas o declaraciones más que estudiadas. Pero la popularización de herramientas como Twitter hace perder los nervios a más de un político. Tenemos el caso reciente de Teófila Martínez que perdió los papeles y llegó a decir que “hay gente que pasa hambre y tiene Twitter“.

Cierto que el alud de usuarios que van tras el político de turno para lincharlo es grande. Las pasiones se desatan y el anonimato en la red da alas, cual bebida energética, a multitud de usuarios que se creen totalmente seguros detrás de un avatar y de un nombre incisivo. Tendríamos que ver si en un cara a cara defenderían con el mismo ímpetu los “argumentos” que les incitan a pedir públicamente lo que piden en Twitter.

El linchamiento virtual es algo habitual en políticos de relevancia nacional. Es algo habitual y sostenido. Incluso tienen a esos otros políticos que en su intento de parodia les dan una presencia virtual permanente. Es algo que la mayoría asume aunque también encontramos alguno que tira la toalla, como Elena Valenciano, que cerró su cuenta por la “persecución” que sufrían sus hijos. O casos como el de Cristina Cifuentes que, habiendo sufrido un grave accidente, también fueron muchos los que “ensañaron con ella”.

[do action=”ladillo”]Twitter también da alas internamente[/do]

Pero también hay otro aspecto que a los políticos, sobre todo a los partidos, no les gusta de redes sociales como Twitter. Y es que la pérdida del control de la información no es sólo algo externo. También se produce a nivel interno. En el ámbito de la organización. Como muy bien describe Saül Gordillo en “Tortura socialista en las redes sociales“, el mensaje interno ya no está controlado. La militancia opta por hacer oposición al aparato desde las redes sociales y los cuadros “críticos” también hacen uso de ellas para hacer llegar su desacuerdo. Algo que hace no tanto ni remotamente podría haber pasado. Y si no, que se lo pregunten a Beatriz Talegón. Difícil lo habría tenido para hacerse ver sin las redes sociales.

El caso es que Twitter da la oportunidad de expresarse, de criticar, de hacer valer una opinión de manera libre. Sobre todo desde dentro de la organización. Las redes sociales y herramientas de autopublicación están al servicio del conflicto político asimétrico.

Estoy seguro de que en más de un partido, ahora mismo, se están preguntando: “¿Quién dijo que Twitter era bueno para la política?”

Publicado por Carlos Guadián

Diplomado en gestión y administración pública y licenciado en Ciencias Políticas. Editor desde 2003 de K-Government. Coordino oGov, plataforma dedicada al Open Government. Actualmente parte del equipo de Autoritas Consulting.

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