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El arte de la telepolítica


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Yorokobu

Este artículo ha sido publicado en Yorokobu, revista sobre innovación, inspiración, tendencias, emprendedores, creatividad y las cosas positivas que ocurren en el mundo y nadie cuenta.


Escrito el 16 de enero de 2015 a las 21:52 | Clasificado en Televisión

Pantallas de plasma, intervenciones en programas del corazón y ruedas de prensa sin preguntas. ¿Ha nacido la telepolítica?

Así funciona la telepolítica. Escultura "Debate" de Georgios Cherouvim,
Así funciona la telepolítica. Escultura "Debate" de Georgios Cherouvim,

La sintonía entre los representados y sus representantes, entre los gobernados y sus gobernantes, es cada vez menor en la maltrecha democracia española. La clase política se aleja cada vez más del ciudadano, envuelta toda ella en un halo contagioso de sospecha que nace de la corrupción de algunos, la ineficaz gestión de la crisis por parte de la mayoría y los privilegios de todos.

Un presidente que habla a través de un plasma, un partido que se gesta al calor de la televisión y un líder de la oposición – «el guapo’ es su apodo – que llama por sorpresa a los programas del corazón. Así las cosas, a ningún español sorprenderá lo que se muestra en este vídeo.

Son políticos, sí. Visten como políticos. Dan ruedas de prensas sin preguntas, como los políticos. Y a los políticos se les entiende poco más, la verdad. ¿Por qué no iban a serlo? Si tienen figuras geométricas iluminadas donde otros llevan la cabeza es precisamente porque Georgios Cherouvim, autor de esta obra de arte geek, ha querido reflejar la realidad. “Su lenguaje es incomprensible y agresivo, provocando que el espectador pierda interés en la conversación y en toda la política”. ¿De qué nos suena?

‘Debate’, que así se llama la escultura, representa una conversación entre dos figuras trajeadas que intercambian argumentos delante de una audiencia: uno de esos debates o tertulias que tan de moda están ahora. Sus cerebros son placas de Arduino y funcionan, valga la ironía, como los de cualquier otro político: siguiendo un conjunto de instrucciones programadas.

Como todo buen político, repiten una cantinela: beep, beep, beep. La frase puede ser más larga o más corta, se puede decir más alto o más bajo, pero el mensaje es siempre idéntico: beep, beep, beep.

El código que rige la conversación se basa en los parámetros habituales: cuánto tiempo ha durado mi discurso, cuánto lleva hablando el contrincante y cuándo me toca interrumpirle. Se podría decir que Cherouvim ha logrado descifrar el algoritmo del perfecto tertuliano. Qué tiemble Pablo Iglesias.

Se trata de derrocar al contrincante, no de solventar el problema que está sobre la mesa. Vale el “y tú más”, la crispación es un arma imprescindible y, por qué no, se puede tirar de populismo. Se puede mentir. Se puede insultar. Se puede amenazar con querellas y se puede uno reír cuando escucha la amenaza. Todo vale.

El bucle es infinito, igual que en la televisión: un sábado se hablará de corrupción, “la corrupción, a debate” será el tema del sábado siguiente, y al final, cuando pasen siete días, se abordará el tema que de veras preocupa a los ciudadanos: la dichosa corrupción. Lo importante es que el audímetro se escuche: beep, beep,beep

Así es la telepolítica y así se la hemos contado. Show must go on!

Fuente: ‘El arte de la telepolítica

Autor: David G. Ortiz

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