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El censor oficial de TVE


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Borja Terán

Periodista y realizador. Analizo el pasado, presente y futuro de la televisión en lainformacion.com, 'La Mañana de Cope' y falsodirecto.com, entre otros medios. Fui redactor de TP, Supertele y Teleindiscreta. Me forjé como ayudante de realización en RTVE. He sido dircom de 'Seis puntos sobre Emma' y, actualmente, también desarrollo contenidos para cine, tele e internet.


Escrito el 5 de julio de 2013 a las 9:38 | Clasificado en Televisión

Las tijeras de la censura siempre han estado presentes por los pasillos de TVE. Aunque, en los primeros 20 años de la cadena pública, la censura tenía nombre propio. Y era un funcionario: Don Francisco.

Tijeras creadas en un decorado de los comienzos de TVE.
Tijeras creadas en un decorado de los comienzos de TVE.

La censura y Televisión Española siempre han ido de la mano. No ha existido ninguna etapa del viejo ente en donde la cadena pública no haya sufrido alguna acusación de censura por parte de los mandatarios políticos. Pero hubo una época que TVE tuvo incluso un censor oficial.

El cargo lo ocupaba Francisco Ortíz Muñoz, que siempre estaba por Prado del Rey controlando que nada se fuera de las manos en la dictadura. Y eso dentro del mundo de la farándula de los años 60 y 70 era más complicado de lo que parecía.

Don Francisco, como le llamaban por los pasillos de la cadena, era funcionario de la junta de censura y controlaba guiones, vestuario, grabaciones y hasta podía decidir posiciones de cámara. No dejaba pasar una. Aunque la creatividad más escurridiza casi siempre lograba esquivar sus tijeras carcas.

Un experto en encontrar atajos para camelar a Don Francisco era Narciso Ibáñez Serrador. Aunque, eso sí, Chicho le llamaba Don Paco. Había confianza. El mítico director y realizador de TVE siempre cuenta que el censor oficial era un ser tan extraño que, cuando salía una “jovencita” con escote en plano medio, se levantaba del asiento para ver si pegado a la pantalla del televisor se le veía algo más. Chicho, entonces, le recordaba que la televisión no era en relieve. “Don Paco, no se preocupe, da igual desde que lugar mire, la imagen es la misma”, repetía Serrador una y otra vez.

Eran los absurdos de la censura que, en los primeros tiempos de la televisión, prohibía los primeros planos de trompetas y baterías o no permitía decir a Laura Valenzuela la palabra ‘bolero’, pues no era de chica decente y recatada. Decisiones incomprensibles, pero que había que cumplir.

No obstante, más allá de las anécdotas más superficiales, el educado Francisco Ortíz Muñoz seguía las órdenes de su tocayo Francisco Franco. El dictador vio en la televisión un poderoso instrumento adoctrinador. Una herramienta clave para que el régimen creciera y se mantuviera intacto. Y, para ello, impusieron en TVE una obsesiva moralina que la creatividad de los trabajadores de Televisión Española conseguía saltarse.  Más difícil de eludir era la censura informativa, que era pérfida y minuciosa.

Eran los tiempos en los que los censores tenían nombre propio. Ahora hay otro tipo de censuras, probablemente. Los escotes de las vedettes ya no importan. Las bailarinas, tampoco. Pero en la historia de TVE quedó marcado en líneas rojas el día que Rocío Jurado salió a escena con una atrevido vestido. Don Francisco tembló. Se tambaleó la dirección de la cadena. Y es que, en realidad, como decía la propia artista, su destape fue más artístico que corporal. Empezaba a despertar en España el destape mental.

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