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¿Una serie de política española?


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 17 de febrero de 2014 a las 16:26 | Clasificado en Televisión

En EEUU triunfan las producciones de intrigas políticas, pero cuesta pensar que funcionara algo así sobre nuestros líderes. Y eso es sintomático.

Barack Obama, en una fotografía de su Flickr.
Barack Obama, en una fotografía de su Flickr.

Vivimos en la burbuja de las series sobre política. Por encima de las eternas sagas de culebrones que las televisiones parecen haber dejado a un lado, en convivencia pacífica con las interminables producciones sobre adolescentes -ahora en sus horas bajas- y tras la moda ya casi olvidada de las de médicos. En plena crisis de la sociedad con la política son precisamente las series con esta temática las que arrasan en las pantallas.

Probablemente el salto cualitativo se lo deben al ‘Ala Oeste de la Casa Blanca‘ -serie que pasará a la historia como una de las más completas de su género- pero parece que la cima, el premio gordo, ha sido para ‘House of Cards‘. Una serie que vendría a ser la culminación de los guiones políticos, bendecida además por la persona de máxima referencia, el mismísimo Obama. A horas del estreno de la segudna temporada el presidente escribía en su cuenta de Twitter:

A lo que no tardó en responder el propio Kevin Spacey -protagonista-:

El presidente de los Estados Unidos avisando que en su agenda está el estreno de la segunda temporada de una serie sobre política americana y uno de los actores de mayor renombre del mundo respondiendo. Si hay un cielo de las series, innegablemente allí encontrarán ‘House of Cards’ en breve.

¿Y en España?

Ahora bien, estas series triunfan de igual forma fuera de Estados Unidos, a pesar de mostrar sólo su forma de hacer política -concretamente la forma más perversa de la política norteamericana-. En España se siguen con la misma devoción, entendiendo que los ‘entresijos del poder’ que en ellas se reflejan son perfectamente traducibles a nuestro sistema. Por eso o porque desaríamos que así lo fuera.

Desgraciadamente no parece ser tan equiparable. No sólo porque al hacer la traducción más sencilla el asunto rechine bastante -imaginen la conversación de arriba pero entre Mariano Rajoy y… Antonio Resines, por poner un ejemplo- sino porque poco o nada guarda relación entre las formas de hacer política.

Pensando más en ‘El Ala Oeste de la Casa Blanca’ que en ‘House of Cards’ porque la segunda centra casi toda su atención en la parte oscura de la política -lo que da un doble sentido a que Obama sea tan aficionado a ella- se nos presenta a políticos interesados en hacer la mejor política (aunque sea con las herramientas más sucias). Se cuida al detalle el discurso, se preparan las formas, se ensayan las apariciones y se está ante una prensa implicada y con poder. Los asesores asesoran. Con dureza.

Ni un parecido con una España, donde los asesores se contratan para tener siempre a alguien que aplauda cada paso que da el político, que se desprecia a la prensa y la prensa se desprecia siguiendo al juego a los malos políticos o donde los discursos no se preparan para ennoblecer la política sino para lograr que el vacío parezca lleno de contenido.

Evidentemente no será tan épica la política americana como la pintan, pero sí encaja el Obama real en esos guiones mientras no seríamos capaces de situar a Rajoy, a Rubalcaba, a Elena Valenciano o a Carlos Floriano.

Sería interesante hacer el intento. Si en España se hizo la versión propia de ‘Urgencias’ con ‘Hospital Central’, puede que en breve asistamos a la versión castiza de ‘House of Cards’. Se podría hasta reutilizar el titulo de una serie que ya existe, ‘Aquí no hay quien viva’.

El valor de estas producciones

Volviendo al asunto de interés, estamos ante series que ponen en valor la acción política. Frank J Underwood (Kevin Spacey) usa la peores y mejores artes, pero ciudando cada detalle de la acción política. Las negociaciones se trabajan con interés -no hay vida privada, no hay tiempo en familia para estos políticos amercianos-, los discrusos se miden, al adversario se le reconoce y se le conoce y a la prensa se la valora y cuida… a su manera, pero a años luz en elegancia de como se hace en España.

Es el cuidado de los detalles lo que hace la diferencia. No es sólo el detalle de calidad de fotografía de los planos o de la talla de los actores, eso lo podemos igualar, es el interés por hacer de la mejor manera posible aquello que se hace. Si Obama no cuidara cada paso que da, si no hubiera elegido al mismísimo Pete Souza para hacerle fotos a diario, si no pensase en cada discurso como en una oportunidad para pasar a la historia, ningún guionista hubiera podido hacer una serie -realista- con esos ingredientes.

Basta fijarse en la labor de los asesores políticos. Piensen en cómo se eligen a los asesores de la Casa Blanca y en cómo se eligen a los asesores en España. Y habrá de todo, claro, pero…

La política española carece no solo de épica, sino del gusto y el placer por hacer política, por ennoblecer la política con cada gesto. Las ruedas de prensa son un compromiso en vez de una oportunidad, y las comparecencias en el Congreso una obligación en vez de una cita con la historia.

Tan sencillo como que la política española hubiera sido incapaz de inspirar ninguna de estas series americanas. Ni para lo bueno, ni tan siquiera para lo malo.

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