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Imagina ser… déspota


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Víctor Navarro

Periodista. Trabajo en el diario 20minutos y escribo sobre videojuegos en El Píxel Ilustre y Yorokobu. A veces me dejan escribir cosas en Mondo Píxel.


Escrito el 13 de enero de 2013 a las 12:26 | Clasificado en Videojuegos

Un Rey que sólo sabe señalar, todo un reino en paro, humor ácido, imitaciones de Chiquito de la Calzada y mucha política ¿Qué más se puede pedir para un videojuego?

Little King's Story (2009)
Little King's Story (2009)

Un crío se encuentra una corona en medio del bosque y al día siguiente se levanta Rey. Suena de fondo ‘Land of hope and glory’. Convoca a su consejo de ministros y uno de ellos, Hauser, le hace un balance rápido del Estado de la nación. En el reino de Arbok hay 18 habitantes: tres vacas, tres ministros y doce ciudadanos, todos ellos en el paro. “Este país me recuerda a uno cuyo nombre empieza por E y acaba por A”, sentencia Hauser.  Con ese comentario comienza ‘Little king’s story’, un juego de 2009 para la Wii. El jugador levanta la ceja y se da cuenta de que quizá hay algo más bajo la capa de dibujo animado y el aspecto de cuento infantil.

Arte del juego Little’s king story

Y lo hay. ‘Little king’s story’ mezcla el rol, la estrategia y la simulación al estilo ‘SimCity’ con dosis de humor negro y chistes sobre política que no están al alcance de los más pequeños. Poco después de arrancar, el ministro Hauser anima al Rey a buscarle un trabajo a sus súbditos. Lo hace al grito de “Arriba el lumpen proletariado, abajo la ociosidad”. Poca broma. Y cuando el jugador todavía no se ha recuperado de la consigna, se da cuenta de que uno de los habitantes de su humilde reino responde al nombre de ‘Aznarín’ y otro ha soltado de pronto un “que te pego, leche”.

Y así una tras otra. Hay que reconocer que los traductores se tomaron muchas libertades con la adaptación de los textos al castellano. De hecho, el juego está plagado de guiños al genio malagueño Gregorio Esteban Sánchez Fernández, más conocido como Chiquito de la Calzada. Los personajes sueltan perlas como “ha luchado usted como un torpedo”, “¿se da usted cuen?” o “quieren hacerle una pupita diodenal” y no dudan en identificarse como “fistros” o “gromenagüers” si la ocasión lo merece.

Mecánicas políticas

Al margen de los diálogos chiflados, ‘Little king’s story’ funciona con unos mecanismos -digamos- ‘políticos’ que resultan muy interesantes. El objetivo del juego es expandir el reino pasando por encima de los vecinos y mantener contentos a los súbditos con la inagotable fórmula del “todo para el pueblo sin el pueblo”.

Gestionar todo eso tiene miga: colocar a un personaje en un puesto que no le gusta, el desempleo, los horarios de trabajo excesivos o la falta de éxito en las misiones del juego influyen en el particular CIS que la ministra Verdi tiene siempre a disposición de su majestad. En la plaza hay un buzón de sugerencias en el que los ciudadanos introducen mensajes anónimos de devoción hacia el monarca, pero también de decepción. Algunas de las cartas a Su Majestad son peticiones del pueblo que se transforman en misiones opcionales o, en cualquier caso, aplazables. Pueden pedir, pero el que manda es el que está en el trono.

Esta postura despótica queda retratada en la forma en que funcionan los controles del juego. El Rey tiene una única habilidad: señalar. Con el cetro dice a los siervos cuándo le tienen que seguir. Él se coloca al frente del grupo, se lo lleva de viaje y le indica a cada uno qué oficio tiene que escoger y contra qué bestia, árbol, tronco, roca o agujero tiene que lanzarse.

Cada personaje tiene nombre propio y un oficio. Eso obliga, de alguna manera, a hacer una atención personalizada a los súbditos. Por ejemplo, el monarca de coger a los ciudadanos que están enamorados y acompañarles hasta el altar para que se casen. Parece una chorrada como un piano, pero es pura política de expansión demográfica: es la única forma de conseguir que nazcan niños. Qué vamos a hacerle, el juego es así de conservador en ese sentido y no permite los hijos fuera del matrimonio.

Estas microhistorias familiares que surgen dentro de ‘Little king’s story’ complican las políticas militares, porque hacen que perder a un ciudadano con nombres y apellidos sea infinitamente más duro que en otros juegos de estrategia. Es un golpe táctico, pero también emocional.

También hay política en la gestión de los recursos económicos. Los ingresos llegan a través de las expediciones del Rey, pero desde el minuto uno hay que decidir cómo se van a repartir los gastos. El primer dilema consiste en decidir si se construye una granja o un cuartel militar, pero poco a poco las opciones se van ampliando y cuesta más ahorrar para levantar ciertos edificios. En este aspecto, ‘Little king’s story’ es más simple que otros títulos estratégicos, pero tampoco se echa en falta más profundidad.

Al margen de la lectura política, ‘Little king’s story’ es un videojuego brillante, sorprendente y bastante más denso de lo que se puede pensar mirando solo la carátula. Sí, es apto para niños, pero no son ellos precisamente los que más pueden exprimir esta obra tan única.

Arte del juego Little’s king story
Los votantes dicen...
  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Un crío se encuentra una corona en medio del bosque y al día siguiente se levanta Rey. Suena de fondo ‘Land of hope and glory’. Convoca a su consejo de ministros y uno de ellos, Hauser, le hace un balance rápido del E……

  2. […] cierto, otros juegos que ya hemos mencionado por aquí como ‘Wakfu’ o ‘Little King’s story‘ tienen una carga mucho más obvia, pero donde menos te lo esperas, hay juegos con muchísimo […]

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