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PETA, contra los videojuegos


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Víctor Navarro

Periodista. Trabajo en el diario 20minutos y escribo sobre videojuegos en El Píxel Ilustre y Yorokobu. A veces me dejan escribir cosas en Mondo Píxel.


Escrito el 8 de mayo de 2013 a las 13:11 | Clasificado en Videojuegos

Los videojuegos tienen una capacidad enorme para comunicar y ya se han utilizado como soporte para la educación, para la política y para el periodismo. También para el activismo. Los animalistas de PETA han utilizado los videojuegos para denunciar el maltrato animal o para promover la dieta vegetariana. Algunas cosas las han hecho bien. Otras, no tanto.

Parodia de Pokémon realizada por PETA, en denuncia del maltrato animal.
Parodia de Pokémon realizada por PETA, en denuncia del maltrato animal.

La organización animalista estadounidense PETA (People for Ethical Treatment of Animals) tiene un talento especial para encender a ciertos sectores de la prensa del videojuego. “PETA hace el ridículo: la crítica a un videojuego más absurda que hayáis oído“, “PETA critica a Pokémon por maltrato de animales“, “¿Queda la PETA en evidencia con Assassin’s Creed IV?“. Esto son titulares de algunos portales de noticias de videojuegos de primera fila en España.

No voy a negar que PETA ha tenido algún patinazo, que sabe cuándo está pisando callos y que lo hace a propósito y con saña, pero su estrategia con los videojuegos no es tan dramática como la pinta la prensa especializada cuando da las noticias en caliente.

El romance entre los animalistas y el ocio electrónico arrancó en vísperas del día de acción de gracias de 2008 con Cooking Mama. La organización publicó entonces su versión de este inocente juego de cocina, una especie de precuela de la preparación del pavo en la que la madre sacrifica, despluma y eviscera al animal. Era un minijuego muy bobo que se regodeaba en la violencia contra el bicho para impactar al jugador. Concluía con datos sobre la forma en que se sacrifican pavos en Estados Unidos y con alternativas vegetarianas a plato típico yanqui.

El juego iba acompañado de un comunicado en el que denunciaba que Cooking Mama, con su estética de dibujos animados y sus colorines, eludía la ‘parte fea’ de cocinar carne; y también pedía que se incluyeran más platos vegetarianos en los juegos de cocina. Majesco, el estudio que desarrolló el juego, respondió que Cooking Mama incluía 25 recetas vegetarianas y que están a favor del trato humanitario a los animales. La campaña enfureció a la prensa del videojuego y a algunos aficionados, y logró que los autores del juego escucharan y respondieran, así que consiguió una buena repercusión. La campaña fue un éxito.

El siguiente asalto también llegó por el lado de la dieta vegetariana. Aprovechándose del éxito del videojuego independiente Super Meat Boy en 2010, PETA lanzó una revisión del juego sin carne que se llamaba Super Tofu Boy. El juego funciona de una forma muy parecida al original (o lo intenta, vaya), pero aprovecha los títulos de las pantallas y los interludios para insertar mensajes contra el consumo de carne. Team Meat, los autores del juego original, se tomaron muy bien la parodia e incluso añadieron a Tofu Boy como personaje jugable en Super Meat Boy, pero también recordaron a la organización animalista que Meat Boy no está hecho de filetes, sino que es un chaval que no tiene piel. Otra campaña que lo petó (jijiji).

Super Mario y ‘sus pieles’

Captura de ‘Tanooki’

El tercer título que firmó PETA se titulaba Super Tanuki Skin 2D, que puso el blanco sobre Super Mario. Este juego mostraba al fontanero con uno de sus trajes más famosos, el de Tanuki, el mapache volador que se convierte en estatua en Super Mario Bros. 3, y lo presentaba como un cruel asesino de animales por llevar prendas de piel. Nos metíamos en el papel de uno de los mapaches con los que Mario se viste (en realidad, el traje de Tanuki se consigue en el juego recogiendo una hoja mágica, ¡pero eh!) y tenemos que perseguir a la mascota de Nintendo para intentar recuperar nuestra piel. El juego repite la estrategia gore de la Cooking Mama asesina y también calca perfectamente la estética de los juegos retro de Mario.

PETA también acompañaba el juego con un mensaje que decía que, al llevar el traje de Tanuki, Mario lanzaba un mensaje favorable hacia el uso de pieles. Y como sucedió con los dos juegos anteriores, Nintendo también contestó. La compañía nipona, mucho más seria que las dos anteriores, se limitó a recalcar que los trajes de Mario solo buscan que el juego sea divertido y que no se debe buscar ningún mensaje más allá del juego.

El último juego de PETA se publicó en internet el año pasado y es el más brillante y el más elaborado de los cuatro. En Pokémon Black&Blue: Gotta Free ‘em All! utilizaban la archiconocida franquicia de los monstruos de bolsillo para denunciar, por ejemplo, el maltrato y la experimentación en animales. El juego funcionaba de forma similar a los Pokémon clásicos y aprovechaba los diálogos y los personajes para hacer su crítica. El protagonista iba rescatando a las criaturas, que aparecían con golpes, magulladuras, cicatrices y jeringuillas clavadas. Al final, la institución ofrecía datos sobre situaciones de abuso hacia animales y más material sobre la campaña.

Entre la crítica absurda y la parodia inteligente

Aquí siempre hemos defendido que las críticas al contenido de los videojuegos, cuando no distinguen bien entre realidad y ficción, son completamente absurdas. Las campañas de PETA basadas en el videojuego me producen sentimientos encontrados, porque no siempre me queda claro si están hablando en broma o si van en serio. Por ejemplo, rechina eso de que afirmaran que el traje de mapache de Super Mario justificaba o incentivaba el uso de pieles. También preocupan sus quejas por la aparición de caza de ballenas en Assassin’s Creed IV, un juego ambientado en el siglo XVIII que todavía está por salir. O su toque de atención a Battlefield 4 por una escena en la que se maltrataba a una rata.

Estos episodios contrastan con otros mucho más divertidos y claramente irónicos. Por ejemplo, con el reciente lanzamiento de Starcraft II: Heart of the Swarm pedían a los jugadores que trataran con cariño a los zergling. Para los no iniciados: los zergling son un tipo de alienígena que es fácil y barato de producir en este juego de estrategia. Muchos jugadores los utilizan en masa como tropa sacrificable para golpear al enemigo rápidamente sin sufrir pérdidas graves.

Esto demuestra que en PETA no desconocen el mundillo del videojuego. Incluso me atrevería a decir que le tienen cierto cariño. Y eso explicaría por qué utilizan el videojuego estupendamente como soporte para sus campañas y por qué sus parodias son tan inteligentes.  Porque son parodias. Ellos los presentan como parodias. No intentan remplazar ni mejorar el juego original, están intentando mandar un mensaje desde el humor.

Por eso, sorprende que precisamente aquellos que se indignan cuando los medios sensacionalistas o los políticos vinculan los videojuegos con la violencia no sepan interpretar estas parodias animalistas y las analicen como un ataque directo a los videojuegos. Tras publicar el juego de Cooking Mama aclararon que su crítica no iba hacia el juego. Es cierto que el tono y el contenido de muchos de los comunicados que acompañan a los juegos (y si nos fijamos en lo que dijeron sobre Battlefield o Assassin’s Creed, más todavía) pueden dar a entender que PETA lo está haciendo todo mal, pero hay, como poco, motivos para mirarlos con otros ojos.

Bola extra

Greenpeace no se atrevió a desarrollar un juego, pero utilizó Street Fighter para una de sus últimas campañas contra el cambio climático:

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