Cuando controlamos a un personaje en un videojuego, su forma de ser queda plasmada en lo que hace, en lo que no puede hacer y en la forma en que tocamos los botones. No siempre sucede de una forma obvia, pero es algo que ocurre incluso en juegos que, al primer contacto, pueden parecer sencillos.

Wario plasma a través de sus controles las cualidades del antihéroe, el juego de terror ‘Dead space’ funciona bien porque su protagonista es un ingeniero en vez de un soldado, y las obsesiones del protagonista de ‘Braid’ llenan de significado sus poder para manipular el tiempo. Por citar algunos ejemplos bonitos.

Me pregunto entonces qué pasa cuando el personaje que controlamos es el presidente de un país. Se me pasa por la cabeza que la forma en la que ese avatar se comporta dentro del juego puede plasmar su programa de Gobierno.

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Les cuento todo esto porque quiero hablar de ‘Liberation maiden’, un pequeño juego descargable de Nintendo 3DS en el que manejamos a la presidenta de Japón. De Nuevo Japón, en realidad. Un Nuevo Japón asediado por una amenaza extranjera que roba la energía, tiene una flota de tanques que seguramente  suponga el 70% de su PIB, naves gordas y muchísimo talento con la arquitectura militar ofensiva.

Por alguna razón estos enemigos (sí, admito que yo también estoy pensando en China) consiguen meterse hasta la cocina, controlan varias islas y han construido rascacielos que disparan por toda la geografía neonipona.

El padre de esta chifladura es el creador japonés Goichi Suda, bien conocido en el mundillo por inyectar altas dosis de descontrol en sus juegos. Para que se hagan una idea, su último juego se titula ‘Lollipop chainsaw’ y la protagonista es una animadora de instituto con una motosierra que tiene la divertidísima habilidad de destrozar zombies.

El juego comienza con la investidura de la jovencísima Shoko Ozora como segunda presidenta del país. Su primera medida, claro está, es acabar la maldita guerra. Lo que va a definir su primera decisión como presidenta de Nuevo Japón, por tanto, es el género del juego. ‘Liberation maiden’ no es un juego de estrategia ni un simulador político, sino un juego de disparos y navecitas al estilo de los clásicos de recreativa.

En el momento en que acaban la votación parlamentaria, la presidenta se mete dentro de una armadura robótica voladora cargada de misiles autoguiados y parte para rechazar la invasión enemiga. Ella sola. A su lado, Margaret Tatcher parece Heidi.

Este cruce entre el Air Force One  y Mazinger Z arrasa al enemigo a golpe de Gobierno personalista y aprovechándose del potente I+D del Nuevo Japón que, sorprendentemente, permite que una sola máquina de guerra convierta en polvo un ejército completo que no se queda corto en potencia de fuego.  Por el camino, se cepilla unas cuantas ciudades enteras. Shoko asume los daños colaterales con facilidad.

En medio de los bombardeos, el Gobierno se encuentra con problemas de visibilidad por la contaminación industrial en la región de Osaka. No hay más opción: hay que apostar fuerte por las políticas verdes. El Gobierno adopta medidas urgentes por decreto e inmediatas que, básicamente, consisten en reventar todas las fábricas de la zona en la que no se ve un carajo para, acto seguido, zurrar al invasor. Y si luego no sale adelante en el trámite parlamentario, que le quiten lo bailao.

Publicado por Víctor Navarro

Periodista. Trabajo en el diario 20minutos y escribo sobre videojuegos en El Píxel Ilustre y Yorokobu. A veces me dejan escribir cosas en Mondo Píxel.

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