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El Risk de las elecciones de EEUU


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Víctor Navarro

Periodista. Trabajo en el diario 20minutos y escribo sobre videojuegos en El Píxel Ilustre y Yorokobu. A veces me dejan escribir cosas en Mondo Píxel.


Escrito el 2 de noviembre de 2012 a las 17:39 | Clasificado en Videojuegos

Analiza las elecciones a la Casa Blanca de los EEUU como una partida de Risk. Las herramientas: viajes, mítines, publicidad o entrevistas en televisión. Y sí, se puede mentir…

'The Political Machine'
'The Political Machine'

Las campañas electorales estadounidenses tienen mucho de videojuego. Era imposible que no existiera algo como ‘The Political Machine 2012′ . El sentido del espectáculo de los yanquis, la sensación de competición entre los candidatos y las recaudaciones masivas de fondos lo ponen fácil para convertir los comicios norteamericanos en un juego de estrategia.

Analiza las elecciones a la Casa Blanca como una partida de Risk.

Pero no hay soldados, ni jinetes, ni cañones para conquistar los cincuenta estados federales. El jugador tiene que asegurarse de que su candidato obtiene al menos 270 de los 538 compromisarios en liza con herramientas electorales: viajes, mítines, publicidad o entrevistas en televisión.

Por supuesto, se puede mentir. Es un simulador político.

En cada mensaje que da el aspirante, el jugador tiene que escoger qué aspectos del programa electoral se van a tratar (que van desde el Obamacare y el matrimonio gay hasta el dramático despido de Paco Pico) y la postura de su presidenciable ante ese tema. En cada territorio unos hay discursos que funcionan mejor y otros que lo hacen peor. Por supuesto, The Political Machine da la opción de criticar de forma destructiva al rival y no impide prometer una cosa en Illinois y decir lo contrario en Iowa. Por algo es un simulador político.

La ambigüedad y la mentira funcionan bien, igual que los asesores de imagen y relaciones públicas, los monólogos de humoristas afines, el apoyo de estrellas de Hollywood o –pausa dramática- el uso de caciques locales.

Todo esto ayuda a afianzarse estados clave, como California, Florida o Texas, que son los que más compromisarios aportan, pero es difícil en todo el país sin la ayuda de los ‘lobbies’. Con el apoyo de los ecologistas, la asociación del rifle, las feministas y otros colectivos se dispara la popularidad del candidato en varios estados a la vez de forma inmediata.

El juego da la opción de ‘fabricar’ un candidato o elegir alguno de los que vienen prediseñados. En el bando republicano puede elegirse a la última musa del Tea Party, Michelle Bachmann, Abraham Lincoln y, por supuesto, Mitt Romney. Por el lado demócrata se puede seleccionar a Obama (que tiene las estadísticas tan disparadas como Cristiano Ronaldo en el FIFA), Bill Clinton, Al Gore y, mucho ojo, Michelle Obama.

¿Y esto quién lo paga? A lo largo de cada partida el problema de encontrar financiación para la campaña es constante, así que muchos turnos se gastan celebrando eventos recaudatorios. También se obtienen fondos construyendo sedes del partido por todo el país.

La prensa tiene un papel bastante aséptico. Apenas se dedica a publicar sondeos, el éxito o fracaso de los mítines y las cifras que recaudan los aspirantes a la Casa Blanca. Solo muerden, sin apretar mucho, con algunas preguntas que hacen en las entrevistas televisadas.

El resultado, puede oscilar entre una campaña ‘normal’ y una de Berlusconi las elecciones extremadamente absurdas que Sacha Baron Cohen retrató en la desternillante ‘Ali G’.

Es una visión caricaturizada en la que las elecciones reconocen su condición de juego donde lo importante son las cifras y luego todo lo demás. No es un retrato fiel, pero muchas de las perlas de realidad que he mencionado dan que pensar. Y ponen a volar la imaginación. ¿Puedo llegar al despacho oval siendo el candidato más gañán de la historia? ¿Y de izquierdas? ¿Y un mentiroso compulsivo? ¿Y mi presidente ideal? Sí, claro que puedes.

Los votantes dicen...
  1. […] simulador mucho menos completo que otros que hemos mencionado por aquí en artículos anteriores, como ‘The Political Machine’, pero tiene algo que aquel ‘Risk’ de las elecciones estadounidenses no terminaba de reflejar […]

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