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El acuerdo escocés


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Dídac G.-Peris

Licenciado en el Instituto de Estudios Políticos de París, especializado en estudios europeos en el European Institute de la LSE. Investigador en la universidad de Londres.


Escrito el 29 de marzo de 2012 a las 7:41 | Clasificado en Sin categoría

La firma del 'Edinburgh Agreement' entre Cameron y Salmond supone el pistoletazo de salida de una larga campaña de dos años

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El pasado 15 de octubre el primer ministro escocés, Alex Salmond, y el ‘prime minister’ del Reino Unido, David Cameron, firmaron un acuerdo para celebrar un referéndum sobre la independencia en 2014. El ‘Edinburgh Agreement’. Se comprometieron a ‘respetar el resultado’. El acuerdo rubrica la legalidad y legitimidad jurídica de la consulta. En cuanto a la legitimidad ‘política’, el propio Cameron la aceptó explícitamente:

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“Siempre he querido respetar el pueblo de Escocia: votaron por un partido que quería un referéndum y yo lo he hecho posible asegurándome que sea decisivo, legal y justo”

El acuerdo cierra una negociación histórica y abre otra muy distinta, de naturaleza política. Se inicia una ‘campaña’ de dos años –aunque la oficial sólo se lance 16 semanas antes de la consulta. Todos los partidos se la juegan, especialmente el Scottish National Party.

Para entender el punto de salida vale la pena recordar dos elementos. El primero hace referencia a la relación entre Escocia y el rUK (rest of the UK, como dicen los escoceses). Escocia es una nación. Punto y aparte. Eso no se discute en Londres. El segundo es que el campo ‘unionista’ ha sabido –de momento- evitar generalizaciones y salidas de tono. Le tienen bien tomado el pulso al pueblo escocés. Sensación de respeto y prioridad a la confrontación de ideas, esas son las dos bases y con ellas se apuesta por desactivar la campaña ‘emocional’ y dejar a un lado los argumentos viscerales, identitarios o románticos. Lo dice Stephen Noon, el responsable de la estrategia de la campaña pro-independencia:

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“Para el pueblo de Escocia, el voto no es sobre la bandera que alzamos, sino sobre el futuro del que queremos formar parte”

Y la consecuencia es clara: la batalla será ideológica. Se hablará de ‘futuro’, se hablará de recursos económicos, de los grandes temas que afectan el día a día de los escoceses. Se hablará de los posibles desafíos en la práctica (como la moneda, la posibilidad de integración en la Unión Europea, de la ‘defensa’, de la figura del jefe del Estado…).

En ese sentido Alex Salmond era el que apostaba por tener un tiempo ‘largo’, de dos años para hablar de todos estos temas. Para ‘convencer’. Es la estrategia de alguien que cree en sus argumentos. Pero a ojos de como se ha desarrollado la primera semana se enfrenta a una tarea titánica porque en política todo es contestable, todo puede ser frágil.

Hace unos días dimitieron los diputados John Finnie y Jean Urquhart a raíz del giro de 180 grados que aprobó el SNP en relación al tradicional antagonismo con la OTAN. Y el viernes se descubrió que el gobierno escocés no ha pedido consejo legal sobre la posible membresía en la Unión Europea, desdiciendo así a Salmond y poniendo en entredicho la credibilidad y seriedad de su equipo. ‘EU liar’ (“mentiroso”) llegó a titular The Sun Scotland. ‘Salmond’s darkest day’ (“El día más negro de Salmond”), tituló The Herald Scotland. En política pasa eso. No hay verdades orgánicas, ni el refugio identitario que prevalezca por encima de la opinión subjetiva de uno u de otro.

Así como están las cosas parece que de momento tanto los unionistas como los nacionalistas (por utilizar el vocabulario local) apostarán por debatir sobre qué futuro quieren, no sobre quiénes son. Ese es el debate probablemente más maduro para una comunidad que aspire a grandes dosis de democracia y modernidad. Pero también es una opción que exige respeto, que exige una gran responsabilidad y profundidad, y que exige, sobre todo, la valentía de reconocer que se puede perder. Que los diez primeros días post-acuerdo sirvan de ejemplo.

Los votantes dicen...
  1. […] el Reino Unido- tenía la complicadísima misión de dictaminar su opinión sobre la pregunta del referéndum escocés de independencia en 2014. Por si fuera poco, la Comisión también tenía que dar su opinión sobre […]