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Estudiantes extranjeros no


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Dídac G.-Peris

Licenciado en el Instituto de Estudios Políticos de París, especializado en estudios europeos en el European Institute de la LSE. Investigador en la universidad de Londres.


Escrito el 14 de marzo de 2013 a las 8:00 | Clasificado en Sin categoría

El sistema universitario inglés es probablemente el único con un atractivo internacional comparable al de las universidades americanas. Una imagen que puede verse a partir de ahora afectada por la nueva política migratoria del gobierno británico.

Alumnos en Cambridge (Fuente: Facebook British Council)
Alumnos en Cambridge (Fuente: Facebook British Council)

Para aquellos que estudien o trabajen en el sistema universitario inglés la noticia no es ninguna novedad. Desde abril es uno de los debates más recurrentes entre estudiantes, decanos y profesores.

A lo largo de los últimos meses, el gobierno británico, por medio de la ministra de interior Theresa May, ha puesto en marcha una serie de medidas destinadas supuestamente a eliminar las solicitudes ‘fraudulentas’ de los estudiantes de fuera de la UE que quieran venir al Reino Unido. Es un abuso existente, pero obviamente poco representativo del grupo social que forman todos los estudiantes internacionales.

Las nuevas reglas supondrán que hasta 100.000 estudiantes potenciales pasen una entrevista previa con autoridades consulares para ‘verificar’ que ‘realmente’ su plan es venir a estudiar. Además, algunas universidades ya no podrán ‘apadrinar’ a futuros estudiantes para ayudarles a conseguir su visado, por lo que los centros pierden uno de los instrumentos que tenían para favorecer la atracción y captación de alumnos. Los estudiantes no comunitarios perderán además el derecho que tenían de quedarse a trabajar dos años después de matricularse.

Las nuevas reglas han venido acompañadas de una retórica particularmente dura de la ministra, la cual no ha dudado en incluir los estudiantes en la categoría general de ‘inmigrantes’, a pesar de las particularidades y el papel que juega esta categoría para los intereses del propio sistema británico.

El objetivo no es otro que el de intentar cumplir con la promesa de Cameron de reducir la inmigración neta de 183.000 personas actualmente hasta menos de 100.000 para 2015. Una reducción que, por su fundamento básicamente ideológico, está transformándose en un regalo envenenado para los intereses económicos del país. Por eso la línea de la ministra ha sido criticada entre sus propias filas, como hizo el alcalde de Londres, Boris Johnson o el ministro liberal-demócrata de Innovación y Empresa, Vince Cable.

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Las reacciones de las propias universidades son también particularmente críticas. Algunas de las instituciones que conglomeran los intereses de los centros educativos de postgrado, como Universities UK o UCAS, han criticado tanto la idoneidad y pertinencia de las medidas, como sobre todo las implicaciones para la imagen del sistema universitario inglés. Mientras tanto, los principales competidores del Reino Unido en el ‘mercado’ internacional universitario (como por ejemplo Canadá, Estados Unidos o Australia) aprovecharán la oportunidad para proyectar la imagen de un Reino Unido poco receptivo, con el fin de atraer a los nuevos estudiantes dubitativos.

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Además, las advertencias y críticas de los rectores universitarios se han visto apoyadas por las estadísticas anuales que se han publicado durante este mes de enero. Después de 16 años de aumento, las solicitudes de estudiantes internacionales retroceden. Más preocupante todavía es la bajada de solicitudes provenientes de países que tradicionalmente tienen fuertes lazos culturales con el Reino Unido, como India (-25%), o Pakistán (-13%). Países con los cuales los intercambios educativos favorecen y promueven los lazos económicos, profesionales y comerciales a posteriori.

Los rectores insisten que restringir un sector como el de los estudiantes para simplemente cumplir un objetivo político relacionado con la tasa neta de inmigración carece totalmente de sentido económico. Más aún, consideran que afectará directamente al crecimiento económico.

En efecto, como recoge The Guardian, el gasto económico que producen los estudiantes internacionales entra dentro de la categoría de ‘exportaciones’ de servicios. Es decir un estudiante chino que compra un sándwich en Londres, contribuye a aumentar las ‘exportaciones’ del país, y por lo tanto favorece el equilibrio de la balanza comercial británica. Además, según el propio Gobierno, el sistema universitario británico aportó sólo el último año 8.000 millones de libras a la economía.

Eso sin contar que muchos másters pueden llegar a costar hasta 15.000 libras anuales, por lo que sólo las matrículas supone el ingreso del 10% del presupuesto de todo el sistema universitario. Por no entrar, claro, en el valor añadido y multicultural de dichos estudiantes internacionales. La mayoría de postgrados que estudian en el Reino Unido en sectores como la ciencia, la tecnología, la ingeniería o las matemáticas son extranjeros. Sin embargo, casos de simposios en universidades británicas donde un tercio de los matriculados no asistan por problemas de visados a pesar de que están registrados para todo el curso son habituales.

Theresa May y el Gobierno deberán ir con mucho cuidado porque la educación de postgrado no es un sector que escape a las dinámicas de la competición internacional y de la globalización. Más bien al contrario. Para muchos estudiantes internacionales el Big Ben es uno de los factores para venir a Londres, pero no es suficiente. Aquellos que quieren formarse no entienden de fronteras, y mucho menos de visados. Buscan oportunidades para su futuro. Irán donde puedan aprender más, pero también donde su conocimiento y sus ganas sean más bienvenidas.

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