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El 'todo o nada' británico


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Dídac G.-Peris

Licenciado en el Instituto de Estudios Políticos de París, especializado en estudios europeos en el European Institute de la LSE. Investigador en la universidad de Londres.


Escrito el 26 de marzo de 2012 a las 11:16 | Clasificado en Sin categoría

Reino Unido ha lanzado a Escocia un referéndum de máximos, igual que el que los 'tories' radicales querrían plantearle al Reino Unido sobre su pertenencia a Europa.

David Cameron, en una comparecencia (Fuente: Wikipedia)
David Cameron, en una comparecencia (Fuente: Wikipedia)

El 16 de octubre, un día después de que el gobierno del Reino Unido y el primer ministro escocés firmaran un acuerdo para celebrar un referéndum de independencia, los periódicos ofrecían su visión de quién había ganado.

El argumento más repetido era que Salmond había conseguido el voto de los jóvenes de 16 y 17 años. En contrapartida, el ‘premier’ británico conseguía que la pregunta fuese solamente sobre la independencia. La tercera vía, la ‘devolution-max’ –o  ‘devo-max’-, una mejora del sistema autonómico británico actual, quedaba fuera de juego a pesar de ser la opción más deseada por los escoceses, por delante de la independencia. Seis de cada diez hubiesen querido pronunciarse sobre dicha opción –que en las encuestas del año pasado contaba con un apoyo de más del 70%. En comparación, los sondeos de octubre sobre la consulta independentista dan 30% a favor y 58% en contra, con un retroceso de cinco puntos menos que en junio para el campo del sí.

La estrategia de Cameron ha sido la de forzar una pregunta de extremos, a sabiendas que el grueso de la población escocesa se decanta ahora mismo por una opción de mejora más que de replanteamiento. La visión independentista sufre además los daños colaterales de una campaña extremadamente exigente, donde se va más allá de la discusión sobre el estatus de la región y se reclama una visión conclusiva de qué tipo de país sería Escocia si fuera independiente. Una pregunta que tal vez Salmond no pueda (ni deba) responder, tal y como se señala en la hoja de ruta publicada este mes por la propia Scottish Independence Convention.

Ya se sabe que intentar diseñar la patria perfecta es misión imposible, lo que se consigue es precisamente lo contrario. No se puede contentar a todos al discutir sobre qué tipo de seguridad social hay que adoptar. O sobre el Jefe del Estado. O sobre si el país debería depender del banco de Inglaterra y mantener la libra o intentar adoptar el euro y acercarse a Europa. Estas preguntas son legítimas y es natural que surjan ahora, pero son más propias de ser respondidas en unas elecciones o después de un proceso constituyente, no en un referéndum.

De momento la ‘trampa’ de Cameron está surtiendo efecto. Cuando la mayoría opta por el centro, los maximalismos asustan, y la prudencia se convierte en un refugio.

A eso se añade que muchos unionistas están sabiendo captar lúcidamente el estado de ánimo de los escoceses. Los liberaldemócratas, socios de gobierno de Cameron, plantearon en octubre una propuesta en firme para convertir el Reino Unido en una ‘Federación’ (ahí es nada). Los propios ‘tories’, por medio de uno de sus mitos vivientes, Lord Heseltine, han propuesto recientemente una reforma del sistema autonómico para que las regiones puedan acceder a 58.000 millones de libras para proyectos de desarrollo. ‘Revertir 100 años de centralismo’, decía el Financial Times. Casi nada también…

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¿También vale para Europa?

Sin embargo es curioso darse cuenta que lo que le está sirviendo a Cameron para Escocia puede pasarle una factura enorme en relación a la Unión Europea. Los ‘tories’ radicales, los secuaces de Reckless, están cada día más cerca de forzar un referéndum en Londres sobre la pertenencia del país en la Unión Europea. La opción ‘sensata’, y la opción que discretamente prefiere Cameron es la de una ‘remodelación’ de la relación con Europa. Repatriar algunos poderes, conseguir un trato preferencial, influenciar en aquellos temas que le importan (pero en los otros tener opción de veto)… y así sucesivamente. Dicho de otro modo, Cameron aboga por una especia de ‘devo-max’ para el Reino Unido en Europa.

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Con una diferencia: si la misma lógica maximalista que ha aplicado en las islas triunfa, y los británicos se ven empujados a decidir entre un claro y rotundo ‘sí o no a la UE’, es probable que ni los cantos de sirena de Cameron, ni las medias tintas del laborismo puedan evitar la salida de los británicos.

Los dos casos son un ejemplo del doble rasero de la política maximalista. La búsqueda del consenso deja paso a la ruleta del casino. Unos días se gana, y otros, puedes perderlo todo.

Los votantes dicen...
  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: El 16 de octubre, un día después de que el gobierno del Reino Unido y el primer ministro escocés firmaran un acuerdo para celebrar un referéndum de independencia, los periódicos ofrecían su visión de quién había gana……

  2. […] estrategia unionista deberá mirar más allá del día del referéndum. No es cuestión sólo de ganar la consulta, sino de ofrecer una visión de país que inspire a la mayoría de los votantes. Ahí radica el […]