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La ‘barbacoa’ acabó a palos


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Escrito el 25 de julio de 2013 a las 17:53 | Clasificado en Ciudadanía

La policía mantuvo cercada la sede del PP situada en Génova 13 por los más de 2.000 personas que se congregaron decidieron “irse de paseo”, así lo cantaban, por las calles madrileñas.

La "barbacoa constituyente" deriva en cargas policiales en Madrid (Foto: Información Sensible)
La "barbacoa constituyente" deriva en cargas policiales en Madrid (Foto: Información Sensible)

A 700 metros. A esa distancia transcurrió la manifestación en Génova que se puso en marcha a partir de las 20:00 horas. En torno a una hora y media después la cabecera empezó a cantar: “Eo, eo, eo nos vamos de paseo”. Y así fue. La concentración se convirtió en una marcha,  aparentemente improvisada, por las calles de Madrid. Las cerca de 2.000 personas que se dieron cita en la protesta se dispersaron. Las cargas policiales se produjeron en la Puerta de Alcalá.

Lo que empezó como una concentración pacífica derivó en un recorrido por el centro de Madrid. Casi jugando al despiste con la policía. Antes, la manifestación transcurrió con total normalidad. Veinte policías custodiaban valla que cercaba la calle Génova por el acceso desde Alonso Martínez. El acceso a Génova desde la plaza de Colón y las demás calles también fueron custodiadas por los agentes. A las 20:00 horas, Génova fue tomada por los que se dieron cita en las inmediaciones de la sede del PP para mostrar su hartazgo contra el Gobierno. También se produjeron protestas contra el PSOE y la clase política en general. “Rajoy y Cospedal a Soto del Real”, nuestro presidente es un delincuente” o “Nos falta para tanto chorizo” fueron algunas de las proclamas.

Entre los que se congregaron había personas de diferentes edades. Desde José Manuel Naredo de 71 años, economista y estadístico español pionero en estudios sobre la economía ecológica, o el caso de Esperanza, una profesora de escuela de 25 años. Más alejados del meollo se dieron cita algunos padres de entre 40 y 50 años de edad con sus hijos pequeños. No faltaron las banderas republicanas, ni los chorizos que algunos portaron de forma simbólica.

Agresión en Génova

Los momentos de tensión fueron escasos. Tan solo se produjeron cuando los manifestantes lanzaron rollos de papel higiénico a los agentes de seguridad. Y cuando un asistente con un megáfono comenzó a cantar: “Que se vayan, se vayan, se vayan, que se vayan de una puta vez“. De repente una mujer se dirigió al hombre, de unos cincuenta años de edad, recriminándole sus palabras.

Junto a ella un grupo de unos cinco mujeres le echaron en cara que el uso de la palabra “puta” en ese contexto es vejatorio para la mujer. Todo parecía quedar en algo aislado cuando la mujer se abalanzó sobre él propinándole un golpe en la cara le produjo un corte en la nariz. El agredido no quiso darle mayor importancia a pesar de la impotencia que tenía por haber recibido el golpe. Esperanza fue una de los testigos de la agresión. Los que rodearon al agredido le tranquilizaron y siguieron con los gritos contra el Gobierno, megáfono en mano por supuesto.

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Confusión entre los manifestantes

Sobre las nueve y media de la noche comenzó el paseo por las calles de Madrid. Desde Alonso Martínez se dirigieron por la calle Hortaleza, hasta llegar a Gran Vía. Donde el tráfico estaba cortado, produciendo fuertes retenciones. En ese momento se produjo la confusión entre los manifestantes que querían seguir con la protesta allá donde fuera necesario mostrar su hartazgo con la clase política. Tras cortar la calle Gran Vía, unos se fueron a Sol, epicentro del 15-M durante el año pasado. Estaban algo desconcertados. No sabían si todo había acabado. Y no era así.

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Sobre la 23:00 horas la cabecera de la manifestación llegó a hasta la Puerta de Alcalá. Pasadas la once de la noche la policía comenzó con las cargas. Todo comenzó cuando la situación se volvió incontrolable para los agentes de seguridad. Un hombre comenzó a golpear a un coche y los antidisturbios comenzaron a despejar la zona. Algunos manifestantes lanzaron piedras a los policías, mientras un joven les reprochaba a sus compañeros de protesta: “¡Así no!”, rechazando los actos violentos que, según el, deslegitiman sus protestas.

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“La hostia me la han dado a mí”

Un hombre, que decía que había sido legionario, estaba sangrando por un fuerte golpe recibido en la cabeza por uno de los agentes. “La hostia me la han dado a mí. Y os digo que ellos -los policías- no son los culpables de la agresión. La culpa es de los que les mandan.

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Los culpables son el Gobierno. No merece la pena caer en la violencia”, reclamaba el hombre cuando se formó un corrillo de periodistas y de manifestantes. El hombre fue atendido por el SAMUR, siendo uno de los doce heridos de la noche, entre policías y protestantes. Fue en la Puerta de Alcalá, donde unos de los activistas de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Madrid fue detenido, según sus propios compañeros. La jornada de protestas registró seis detenciones en total.

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Quejas de parte de la prensa


En ese momento la movilización ya se dispersó. Y cerca de la medianoche centenares de personas se congregaron en el cruce de Gran Vía con la calle Montera, apostados en las aceras de la calle. Los agentes, en medio, trataron de controlar la situación. Cerca de la una de la madrugada se produjeron enfrentamientos aislados con la policía y manifestantes.
Y varios periodistas mostraron su hartazgo hacia los agentes a los que les reprochaban que no les dejaron trabajar con libertad. A la una de la mañana los agentes se marcharon. El tráfico volvía a fluir por las calles de Madrid. Regreso a la normalidad, pero la indignación social cotra sus dirigentes cada día es mayor.

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Y varios periodistas mostraron su hartazgo hacia los agentes a los que les reprochaban que no les dejaron trabajar con libertad. A la una de la mañana los agentes se marcharon. El tráfico volvía a fluir por las calles de Madrid. Regreso a la normalidad, pero la indignación social cotra sus dirigentes cada día es mayor.

Fuente: La “barbacoa constituyente” deriva en cargas policiales en Madrid

Autor: Ricardo Garriga

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