La familia es y ha sido el modelo de organización más simple que existe y ha existido nunca. En la mayoría de las familias, los mayores toman las decisiones de manera autoritaria sin consultar a los pequeños, “porque es así y punto”.

El proceso de toma de decisiones en una familia funciona porque los mayores son, para los pequeños, voces autorizadas, expertas y legítimas en las materias que deciden. Ellos saben que si metemos el dedo en la toma de corriente nos lastimaremos, si no nos lavamos los dientes tendremos caries…

A medida que los pequeños vamos creciendo nos damos cuenta de que nuestros padres no necesariamente tienen la respuesta para todo y recurrimos a otra gente especializada en las materias que nos despiertan dudas, para que nos ayuden a tomar una decisión. Si queremos conocer en detalle cómo balancear una fórmula química le preguntaremos a nuestro profesor; si queremos recurrir una denuncia, iremos con un abogado; y así sucesivamente.

En la historia política el proceso de toma de decisiones ha sufrido mucho por culpa de la frase “porque es así y punto”. En las ciudades-comunidad, las ciudades-estado y los principados feudales, el o los gobernantes de turno decidían y punto. Unos consultaban con las deidades, otros con los sabios de turno… pero nadie consultaba con todas las partes interesadas. El gobernante negociaba en función de sus intereses patrimoniales a la vez que intentaba mantenerse en el poder, ¿pero a quién preguntaba antes de tomar una decisión?

Con el paso de la historia llegó la ilustración, el antropocentrismo, las clases burguesas, la Revolución Francesa… Todas ellas, juntas, revueltas y sin saberlo, hicieron que poco a poco se fuera debilitando este consolidado proceso de toma de decisiones justificado por el lema “porque es así y punto”.

De repente, y después de muchas guerras, nos encontramos con un estado moderno que ha creado sistemas políticos complejos y entornos económicos hiper-regulados que hacen que el diálogo entre los decisores políticos y las organizaciones civiles y/o empresariales sea obligatorio y necesario. Como dice Hungtington: “La modernización política implica la racionalización de la autoridad, la diferenciación de las estructuras y la expansión de la participación política”.

Hoy en día no cabe duda de que la actividad y alcance de las instituciones públicas -ya sean internacionales, nacionales, regionales o locales- ha ido creciendo exponencialmente durante las últimas cinco décadas y cualquier actuación político y/o regulatoria por parte de los gobiernos o agentes político-públicos tiene un efecto directo en las compañías y sectores empresariales. Por ello, y con el objetivo de ser más competitivos, las empresas y organizaciones han ido, poco a poco, involucrándose proactivamente en el proceso de formulación de políticas públicas con el objetivo de influir en ellas y crear un entorno de negocio más competitivo para el desarrollo de sus actividades.

Con el paso del tiempo, la práctica de los ‘Public Affairs’ ha ido creciendo y profesionalizándose hasta convertirse en un área importante de la estrategia empresarial de las compañías y de la toma de decisiones públicas.

Los ‘Public Affairs’ son, por tanto, un eje fundamental dentro de la estrategia empresarial moderna y se consolidan como elemento necesario para:

  • Mejorar el entorno regulatorio y de negocio.
  • Promover la colaboración público-privada.
  • Elevar el perfil o la imagen de una compañía o de un sector.
  • Influir en las políticas públicas.
  • Anticiparse a los cambios regulatorios.
  • Conseguir aliados.
  • Influir en la legislación y regulación en preparación.

En definitiva, los ‘Public Affairs’ son el reflejo de una necesidad cada vez mayor de los líderes empresariales de anticiparse e integrar en su estrategia empresarial la evolución del entorno político y del marco legislativo en el que operan sus compañías.  De esta forma, incrementan su capacidad de participar en el proceso de toma de decisiones institucionales a través del partenariado entre las administraciones públicas y el sector empresarial. Atrás quedaron los tiempos del “porque es así y punto” y de la negociación basada en los intereses patrimoniales. Ahora toca dialogar con las partes interesadas antes de tomar una decisión, y no solo eso, toca dialogar de manera profesional.

Es preciso que todo cambie, para que todo siga igual.

Publicado por Daniel Mehrad

Lobista. Consultor Senior en Political Intelligence agencia de Lobby y Public Affairs con más de 10 años de experiencia en España.

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