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Del 0,7% al 15M


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Luis Arancibia

Director adjunto de la Fundación Entreculturas. Llevo 20 años trabajando activamente en el campo de la solidaridad y la justicia social. He sido el presidente de la Coordinadora de ONG de España y también de la Federación de Madrid. Colaboro con varias universidades españolas y soy profesor invitado en Boston College.


Escrito el 31 de octubre de 2012 a las 16:26 | Clasificado en Ciudadanía, Sociedad, Solidaridad

El 0,7% movilizó a la juventud española hace casi dos décadas. Hoy, otra vez, la sociedad sale a la calle, pero, ¿por qué la sociedad española ha excluido de sus reivindicaciones actuales la solidaridad internacional, el compromiso con los excluidos de nuestro mundo?

Protestas en contra de los recortes presupuestarios contra la ayuda a los más necesitados (fuente: Fundación Entreculturas).
Protestas en contra de los recortes presupuestarios contra la ayuda a los más necesitados (fuente: Fundación Entreculturas).

Corría el otoño de 1994 cuando un grupo de media docena de personas acampaba en la Avenida de la Castellana de Madrid frente a la sede del Ministerio de Economía. Algunos de ellos iniciaban también una huelga de hambre para aumentar la presión y la movilización social. Unos eran jóvenes, pero otros habían pasado ya los 50. Ninguno de ellos reclamaba un derecho propio, ni exigía políticas o recursos públicos en su propio beneficio. Era, en realidad, una iniciativa condenada al fracaso absoluto, pues reclamaban atención para un grupo que no tiene ninguna influencia política, ni poder social, ni respaldo mediático: pedían el 0,7% para los pobres de la tierra.

Sorprendentemente, unas semanas después, la iniciativa se había multiplicado espontáneamente y extendido a una treintena de ciudades, en un tiempo en el que no existían las redes sociales, ni los teléfonos móviles se usaban masivamente. Al cabo de unos meses, y tras una dura negociación con el Gobierno socialista y, especialmente, con el entonces ministro de Asuntos Exteriores Javier Solana, las movilizaciones concluían tras lograr compromisos significativos de incremento de la cantidad, mejora de la calidad y desarrollo de los mecanismos de participación y control social de la cooperación internacional para el desarrollo.

Las acciones en otras ciudades forzaron la puesta en marcha del sistema de cooperación descentralizada llevado a cabo por las Comunidades Autónomas, diputaciones y ayuntamientos, una iniciativa innovadora y original que ningún otro país de nuestro entorno había desarrollado.

En realidad, la cooperación al desarrollo con los países menos desarrollados (ayuda oficial al desarrollo, en la jerga técnica oficial) había comenzado en España varios años antes, alrededor del proceso de incorporación a la Unión Europea, después de décadas recibiendo fondos internacionales de ayuda. Sin embargo, solo la movilización social de la juventud española (en el contexto de dificultades económicas de aquella época) logró que la cooperación lograra cierta relevancia social, que las organizaciones no gubernamentales fueran conocidas por la ciudadanía y que España se dotará de una política pública semejante a las de nuestros socios comunitarios y a la altura de su nivel desarrollo. No fue un proceso automático, ni rápido, pues los compromisos adquiridos tardaron más de una década en llegar y algunos nunca se han conseguido.

Casi veinte años después, nuestro país se encuentra de nuevo inmerso en una onda de movilización social a través de la cual una parte de la sociedad española, en especial de los jóvenes, manifiesta su rechazo a la situación actual, su miedo al futuro que se ofrece y su deseo de cambio. Al igual que aquella otra del 0,7%, son iniciativas poco controladas, surgidas al margen de los cauces tradicionales de participación. Una y otra se mueven más en el terreno de los valores, los horizontes y los principios que en el de las propuestas técnicas. Ambas suponen un soplo de aire diferente y platean propuestas ambiciosas, cambios significativos. Y, sin embargo, a pesar de estas evidentes conexiones en el espíritu, sus propuestas, sus contenidos y sus aspiraciones no resultan muy divergentes.

¿Por qué la sociedad española ha excluido de sus reivindicaciones actuales la solidaridad internacional, el compromiso con los excluidos de nuestro mundo? ¿Por qué esta movilización social, que es respuesta a una crisis de naturaleza inequívocamente global, ha olvidado la mirada universal? ¿Por qué el desmantelamiento de la política pública de cooperación internacional que se está produciendo en este momento, no constituye una reivindicación significativa situada junto con las otras políticas públicas que están sufriendo notables recortes, pero mucho menores que la cooperación? ¿Por qué la generación más global, más abierta, más cosmopolita de la historia de España no ha incluido la lucha contra el hambre y la pobreza, el cambio climático o la paz en nuestro mundo como parte de su agenda social y política?

Habrá sin duda muchas interpretaciones para estas preguntas. Desde este proyecto que empieza esta semana os invitaremos a ir reflexionando sobre ellas y otras parecidas en el futuro.

Los votantes dicen...
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