Arrow

Una Justicia no tan ciega


0
Carmen Beatriz Fernández

Venezolana, urbanista (USB) con máster en Administración de Empresas (IESA) y en Campañas Electorales (University of Florida). Desde 1997 dirige DataStrategia y coordina el portal político iberoamericano e-lecciones.net


Escrito el 12 de enero de 2013 a las 15:16 | Clasificado en Justicia, Latinoamérica, Venezuela

Dos investigadores estadounidenses probaron que las decisiones de la Corte Suprema estaban influidas por el sentir de la opinión pública, a la vez que influían en ésta ¿Es el caso de Venezuela?

Manifestación en apoyo a Chávez el día en que debía jurar el cargo (Fuente: Facebook Chávez)
Manifestación en apoyo a Chávez el día en que debía jurar el cargo (Fuente: Facebook Chávez)

Esta semana el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela sentenció que no era necesaria la juramentación ni toma de posesión formal del presidente Chávez porque se trataba de una continuidad entre su primer y segundo mandato. Validaba así el TSJ la decisión de la mayoría oficialista en la Asamblea Nacional que había renovado el día antes el permiso de viaje presidencial, por tiempo indefinido.

Más que la reciente sentencia,  que pareciera orquestada con el poder legislativo, sorprenden los argumentos: no existe ausencia temporal de Chávez, ni mucho menos ausencia absoluta del primer mandatario. Tampoco encuentra motivos ese Tribunal para recomendar que una junta médica califique el estado de salud del mandatario ni el carácter de su ausencia, puesto que se trataría de un simple permiso de viaje del que disfruta el presidente.

No es la primera vez que ocurre que el Poder Judicial se muestra arrobado ante el oficialismo. La argumentación, de carácter casi onírico, indica que tras un mes de sentida ausencia presidencial no hay ausencia alguna. Un presidente que era omnipresente en la vida nacional no se ha comunicado con el país en los últimos 30 días. Ni siquiera un saludo telefónico, una carta firmada de forma manuscrita, o un mal tuit. La Habana tiene el cuerpo como un rehén que cuida con celo, y con ello se abroga el derecho de interpretar y rehacer el testamento presidencial.

El precedente de 1993

Hace casi 20 años, un día de mayo, la Corte venezolana hizo que el entonces presidente Carlos Andrés Pérez se separara de su cargo. El que la histórica decisión de la Corte del 20 de Mayo de 1993 tuviera un sesgo mucho más político que jurídico es un hecho que pocos pueden objetar. En esa ocasión la Corte oyó argumentos jurídicos, pero también los gritos de la calle, así como los susurros de los muchos enemigos de un presidente debilitado. Allí la Corte escuchó al pueblo, cuyas voces amalgaman la opinión pública. Pero también allí la Corte sentenció a ese mismo pueblo, empujándolo por un despeñadero cuya pendiente parece no acabar.

Esta decisión del TSJ de esta semana, así como la decisión de 1993, marcan dos puntos de inflexión en la política venezolana. La del ’93 desencadenó una serie de eventos que horadaron hondamente las instituciones democráticas y que facilitó la llegada al poder por la vía electoral del presidente Chávez en 1998. La del 2013 podría desencadenar consecuencias igualmente importantes que aún no se ven del todo claras.

En la decisión de 1993 influyó notablemente la opinión pública. En la de 2013 influyeron tanto la alta jerarquía del partido de Chávez como la gerontocracia de La Habana. La dama ciega de la Justicia se quitó las vendas y le hizo guiños al oficialismo, basándose en los resultados electorales de las recientes elecciones presidenciales y regionales que identifican al chavismo como la fuerza mayoritaria de esos dos bloques políticos importantes, donde un 55% oficialista se impuso sobre un 45% opositor.

La Justicia, al son de la calle… ¿y al revés?

No es la influencia de la opinión pública en las decisiones de la Corte, por otra parte, un elemento que hable particularmente mal de la justicia venezolana. La dama ciega se enjuaga los ojos con colirios de opinión pública en casi todas partes del mundo, y ello parece aliviar su ceguera. Rara vez las decisiones de la Corte contradicen la opinión de una masiva mayoría.

Un estudio hecho por Mishler y Sheehan, dos académicos norteamericanos, analizó la relación existente entre la opinión pública de EEUU y las decisiones de la Corte Suprema durante un periodo de más de 30 años para encontrar que, en la mayor parte de ese tiempo, la Corte norteamericana había respondido directamente a las tendencias de la opinión pública. Esta relación estuvo presente aún en presencia de cambios en la composición de los miembros de la Corte.

Sin embargo otra conclusión a la que llegaron los mencionados investigadores, tan importante al menos como la primera, es que en el caso de la sociedad nortemericana las relaciones entre las decisiones de la Corte y la opinión pública son bidireccionales. Es decir, que es cierto que influye la opinión pública sobre las decisiones de la Corte, pero también es verdad que estas decisiones, una vez tomadas, tienen capacidad de influir, moldear y generar cambios de opinión y actitud en las masas, como en un proceso  interactivo.

Y aquí es donde la analogía resulta incompleta, puesto que en el caso venezolano la decisión del TSJ no influyó, ni poco ni mucho. sobre las opiniones que al respecto tenía ya tomadas la sociedad venezolana.

La Corte apostó entonces que los resultados electorales validaban en sentir de las mayorías. Pero tan llamativos fueron los argumentos que parecen haber errado gravemente. La totalidad del país sabe que Chávez está ausente. Una gran mayoría cree que Chávez no volverá a ocupar sus funciones (unos saludan esta circunstancia y otros la lloran, pero este es otro cantar). Pero aún cuando el TSJ hubiera fallado a favor de una mayoría política ello no eximiría de culpas a el Tribunal.

La línea divisoria entre la soberanía popular y los excesos de las mayorías ha probado en diversas ocasiones y variadas sociedades ser muy tenue. Por ello en su rol prospectivo la Corte debe ser la protectora de las minorías contra la tiranía de las mayorías. Más aún cuando esa ¨minoría” representa un cohesionado 45% de la sociedad.  En ausencia de este rol, el TSJ no hace otra cosa que mostrar la cara más oscura de la institución.

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>