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Motivos para la esperanza


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Luis Arancibia

Director adjunto de la Fundación Entreculturas. Llevo 20 años trabajando activamente en el campo de la solidaridad y la justicia social. He sido el presidente de la Coordinadora de ONG de España y también de la Federación de Madrid. Colaboro con varias universidades españolas y soy profesor invitado en Boston College.


Escrito el 26 de diciembre de 2012 a las 18:35 | Clasificado en Sociedad

En medio de las crisis social y económica, hay motivos para la esperanza en el mundo de la solidaridad y la sostenibilidad. Estas son algunas de las ideas germinales, cargadas de utopía, que pueden dar su fruto en 2013.

Hay esperanza para la solidaridad y la sostenibilidad (fuente: Change.org).
Hay esperanza para la solidaridad y la sostenibilidad (fuente: Change.org).

En estas fechas toca hacer balance del año que termina recopilando los acontecimientos y destilando las sensaciones que nos dejan estos doce meses que acaban. En el ámbito de la solidaridad, cualquier recopilación del 2012 tiende a dejarnos más bien hundidos y al borde de la depresión por el deterioro de todos los indicadores sociales, el incremento de la desigualdad provocado por el modo en el que se está abordando esta crisis, la sucesión de recortes sociales, el riesgo de desmantelamiento de algunas políticas públicas que nos costaron varias décadas poner en pie (como, por ejemplo, la cooperación al desarrollo), la ausencia de instituciones y personas capaces de ejercer un liderazgo social y político positivo, y la dramática situación por la que están atravesando la mayoría de organizaciones no gubernamentales de naturaleza social.

Sin embargo, no sé si será por el contagio del espíritu navideño o simplemente por el hartazgo del tono deprimente de la mayoría de las conversaciones, pero cada vez tengo mayor necesidad de tratar de aguzar la mirada, afilar el oído y poner en alerta los sentidos para detectar las dinámicas de futuro, las iniciativas positivas, las propuestas innovadoras que están surgiendo en medio de tanta desesperanza. En la mayoría de los casos son movimientos marginales, iniciativas aún germinales, propuestas que están apenas comenzando, pero que todas ellas están cargadas de futuro, alumbran realidades nuevas o abren caminos inexplorados para afrontar los nuevos retos a los que nos enfrentamos en el trabajo social.

Puede, por tanto, que muchas queden solo en el intento pero, en cualquier caso, tienen la virtud de señalarnos la dirección por la que hay que caminar para reinventar la solidaridad y el papel de las organizaciones sociales de cara a las próximas décadas. Aquí va mi lista de iniciativas germinales, pero cargadas de utopía, que me dan esperanza cuando reviso este desolado año que termina:

  • La innovación social. La crisis económica por la que estamos atravesando muchas ONGs y el cambio radical del contexto están llevando a muchas organizaciones a pensar cómo reinventarse, cómo actualizarse, cómo innovar después de unos años en los que quizás nos hemos estancado y nos hemos vuelto más conservadores, más previsibles, menos imaginativos y audaces. En algunos casos son iniciativas nuevas que nos abren a nuevas formas organizativas y estrategias para abordar los problemas nacientes, como por ejemplo Change.org que se ha convertido en poco tiempo en la plataforma de referencia para generar movilización e incidencia política ‘online'; las iniciativas de crowd-feeding que están surgiendo en diferentes lugares para denunciar nuestro insostenible estilo de alimentación o las movilizaciones para detener los desahucios o colaborar solidariamente con las personas afectadas. En otros casos, son organizaciones ya existentes que buscan renovarse en sus planteamientos, estrategias o estructura y organización. Así están surgiendo alianzas y redes como nuevas formas organizativas, se está desarrollando una apuesta mayor por la incidencia y la sensibilización social, se está fortaleciendo la evaluación y la generación de evidencia para poder comunicar el impacto o se están aprovechando las nuevas tecnologías para afrontar los problemas sociales de una forma más abierta y participativa. Innovación social es una de las claves para salir de la crisis. Aún nos falta mucha, pero podemos detectar algunas dinámicas interesantes que seguro crecerán en los próximos meses.
  • Entrar en el corazón de la organización económica, social y política de nuestra sociedad. Existe una conciencia creciente, incluso entre las personas e instituciones que sostienen posiciones convencionales, sobre el carácter sistémico de esta crisis en el que la propia cultura y estructura de valores, el funcionamiento de muchas instituciones centrales en la organización social o el desarrollo de actividades clave en la dinámica económica están fuertemente cuestionados. En este contexto, son especialmente sugerentes las iniciativas que tratan de mostrar como estas áreas clave de nuestra sociedad pueden funcionar de otra manera: la banca ética que comentamos aquí, los partidos políticos conectados con movimientos sociales, las iniciativas de consumo responsable y de producción sostenible son ejemplos en esta dirección. Probablemente no serán, al menos en el corto plazo, mayoritarias o dominantes, pero pueden tener la virtud de iluminar la realidad mostrando alternativas reales y cristalizando así las propuestas alternativas que pueden parecer ilusas o irrealizables.
  • Recuperar la conciencia y movilización social. En este tiempo de dificultades estamos recuperando la conciencia de que el papel de las organizaciones sociales es el de la transformación social y no solo la asistencia y el servicio a las personas que sufren las injusticias sociales. Estamos teniendo que aprender a vivir sin el Estado y recuperar la cercanía con nuestra base social, la conexión con la iniciativa ciudadana, la participación más activa en la vida social. Necesitaremos todavía más tiempo y capacidad de cambio, pero las organizaciones sociales después de esta crisis seremos más activas en el campo de la movilización, la incidencia social, la sensibilización de la sociedad, la denuncia y la propuesta y todo ello lo combinaremos con nuestro servicio y atención directa a las personas y comunidades afectadas por tantos problemas.
  • Recuperar la mística y la política. Los años de bonanza y de fuertes incrementos de recursos públicos han convertido a muchas organizaciones sociales en instituciones altamente tecnificadas y profesionalizadas, con mucho talento dedicado a la gestión administrativa y una estructura organizativa centrada en la lógica dictada por las subvenciones públicas. En ese camino muchas organizaciones perdieron parte de su ilusión, de sus motivaciones, de su identidad y valores, de modo que, en realidad, se asemejaban cada vez más a consultoras o a las propias empresas sociales con las que crecientemente hay que competir en los concursos y subvenciones. El nuevo marco está llevando a muchas instituciones a buscar modos para recuperar el espíritu, cuidar las motivaciones, animar el compromiso, impulsar la militancia, manifestar la identidad y alimentar los horizontes de sentido que mueven a las organizaciones. El reto es ser capaces de hacer todo ello sin perder todo lo positivo que trajo la profesionalización, el cuidado por la buena gestión y la tecnificación significaron.
  • El compromiso y la solidaridad sostenidos. Perseverar, sostener o resistir no son verbos que casen bien con la cultura postmoderna que extendió un concepto de solidaridad excesivamente inocuo, orientado a la sensibilidad y altamente superficial. Se divulgó y extendió un modelo de solidaridad reactivo, poco anclado en motivaciones profundas, etéreo y un tanto facilón, que parecía llamado a diluirse, a evaporarse y desaparecer en cuanto vinieran tiempos difíciles que pusieran a prueba su solidez y hondura. Por eso, en estos tiempos de profunda crisis, en los que la preocupación por la solidaridad y la sostenibilidad de nuestro mundo no están de moda, sino que por el contrario conllevan críticas o escepticismo, el compromiso sincero, callado, constante y real de muchas personas es una gran noticia. Al observar en medio de las dificultades, los gestos de solidaridad de personas e instituciones que se expresan de múltiples formas (en la movilización social, el voluntariado, la participación en campañas o la colaboración económica), podemos reconocer las razones para mantener la esperanza en medio de la desolación que este 2012 ha traído a nuestra realidad social.

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