En uno de los capítulos de ‘Cuentos asombrosos’ (serie de Steven Spielberg en la década de los ochenta), salía un niño mago. El chaval tenía aterrorizada a toda la familia con su «felicidad». Cada día tenía que ser su cumpleaños. Toda la familia tenía que estar feliz y contenta. Cuando no era así, lo mataba o transformaba en algo (un conejo, una mesa…).

Evidentemente esta felicidad inducida por el miedo estaba muy lejos de lo que realmente es el bienestar y la concordia. Leire Pajín debe ser una gran fan de ese niño y ahora pretende montar una ley llamada «ley de igualdad de trato y no discriminación». La ley podría contemplar hasta multas de 500.000 euros por llamar feo a alguien.

¿Es función del Gobierno hacernos felices y decidir qué es bueno y malo para la sociedad? La respuesta afirmativa solo querría decir que nuestra voluntad, felicidad y la sociedad entera son propiedad del Estado. En este sentido el Estado es quien otorga libertad según su conveniencia y juicio. Tal situación significa sometimiento del ciudadano al poder, ya que la libertad pasa de ser un derecho natural a un derecho positivo. Es decir, una sociedad gobernada por un Gran Hermano. La sociedad de los burócratas, las leyes y los jueces. Quien piense diferente, es castigado por oponerse a la oligarquía política.

Bienvenidos a 1984.

Publicado por Jorge Valín

Economista seguidor de la Escuela Austriaca y el anarcocapitalismo. Miembro del Instituto Juan de Mariana, columnista y colaborador de varios medios.

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16 comentarios

  1. Desde que oí la noticia que pienso que estamos desbarrando seriamente. Es como lo de Mark Twain y la corrección política.

  2. Desde que oí la noticia que pienso que estamos desbarrando seriamente. Es como lo de Mark Twain y la corrección política.

  3. Una puntualización totalmente accesoria: el capítulo en cuestión no era de «Cuentos asombrosos», sino de «Dimensión desconocida», el clásico de Rod Serling. Significativamente, se titulaba «It’s a Good Life». Lo rehizo Joe Dante en la película «En los límites de la realidad», patrocinada por Spielberg.

  4. Al leer esto me acuerdo de un juego de rol antiguo llamado Paranoia. El argumento de ese juego se podría resumir en la siguiente frase: «No ser feliz es considerado traición. La traición se castiga con la muerte… ¿Eres feliz ciudadano?»

    Qué risas me eché en aquellos años mientras jugaba.

    Ahora toca reir por no llorar cuando uno mira al futuro y ve que lo que era un juego divertido pasa a ser la realidad.

    ¿En qué cabeza cabe que se obligue a la gente a ser feliz? ¿En qué cabeza cabe que se nos censure de esta manera nuestra libertad de elección, palabra y pensamiento?

    Si alguien me llama feo, no voy a enfadarme ni denunciarlos, pues se trata de una realidad. Si alguien me llama gordo, pues tres cuartos de lo mismo. Es mi vida y tengo que aceptarme como soy. Nací así. Y esa es la cuestión… ¿quién se cree la Pajín que es para determinar lo que está bien y lo que está mal? Se ve que como ella no se encuentra muy cómoda con su propia apariencia, intenta que no se metan con ella a través de «ley».

    Si es que lo que empezó con el tabaco ahora continúa con el pensamiento.

  5. Podríamos pagara a los políticos por que se queden felices y quietecitos en sus casas, que encima de estar peor preparados que la media de la sociedad, solo hacen que tener ideas de bombero. En el caso de Leire de bombera y perdón por los bomberos, que seguro que son mas sensatos que ella.

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